–Aguarda. Entonces, ¿son novios o no? –me pregunta Beth a través del teléfono fijo de la casa de la tía de Nathan.
–Podría decirse –contesto mientras cuido a Neil–. ¡Neil! ¡No! ¡Eso no es un juguete!
Le quito un encendedor que la señora Burns tenía en la cocina.
–¿Sabes? Cada vez entiendo menos –suelta un suspiro.
–Bueno, si hablamos en términos específicos no. En realidad, ahora que lo pienso, no me lo ha preguntado directamente –contesto.
–A eso me refiero. Ese niño del que tanto hablas te está cansando y hace más lento tu cerebro –se burla.
–No es gracioso. Ojalá tú tuvieras la misma responsabilidad que tengo yo, así no te burlarias –tomo al niño en brazos–. ¡Ugh! ¡Neil! ¡Hace una hora te cambié el pañal! ¿Cómo puede alguien hacer tantas veces en el día?
–Oye, guardate lo del bebé para ti y tu no-novio. Yo no estoy involucrada, no necesito saber cuando el pequeño hace de sus necesidades fisiológicas –toda una diccionario.
–Bueno, entonces no sé porque no me hablas hasta la noche –me quejo–. Sabes bien que lo cuido toda la tarde.
Llevo al baño a Neil para limpiarlo. Este niño come demasiadas cosas en puré. Y lo que sale por detrás es una prueba de ello.
–Pero, aún no es tarde. Son las 11:59 A.M. falta un minuto para que sea tarde –necesito a alguien normal en mi vida, definitivamente.
Le pongo ropa limpia a Neil y lo llevo al sofá de la sala de estar y le enciendo el televisor para que se entretenga un tiempo.
–No falta nada. Y además, si estoy aquí temprano es porque salí del colegio temprano y no es como si pudiera irme a mi casa antes de hacer mi trabajo diario –bufo exasperada–. Con los días este trabajo me va a terminar matando, mi fuerte no es ser niñera.
Voy a la cocina y cojo el pachón de Neil para luego dirigirme a la sala de estar.
–Si. Aún no comprendo como alguien racional te puede dejar a ti a cargo de un alma inocente –dice, seguramente, viéndose las uñas de sus manos–. Hablando de inocentes, ¿te enteraste de que habrá una feria de caridad en el colegio el domingo 23? Y lo peor de todo es que debemos ayudar a organizarlo. Tú te vas a salvar por ese tu trabajo pero yo no, ¿te imaginas? ¡Yo y a penas levanto mi trasero para ir a estudiar y ahora debo hacer todo eso!
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El asistente de mi padre
Teen FictionElla siempre tenía mala suerte en todo lo que ocurría. Apenas empezaba a vivir su adolescencia y ya tenía desilusiones, tanto amorosas como familiares. Pero algo cambiará su vida y le permitirá conocer algo que no solo se basa en problemas, desilusi...