Celebrando.

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-¡Le ganó a Fiorella!-le dijo Isaac al hombre de la barra.

-¡Che, no rompás las pelotas!-dijo el argentino, detrás de la barra.

-¡Ajá-dije levantándole las cejas.

-¿Eso quiere decir que

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-¿Eso quiere decir que...?

-Que soy una winner-dije interrumpiendo, fingiendo una actitud popular.

Nos quedamos mirando los tres y explotamos en risa.

-¡Esta chica es re copada!-dijo el señor.

-¿Sabes lo mejor de todo? Es que es mi novia-dijo de pronto Isaac.

¿Eso era lo que había escuchado? Sí, había dicho que era su novia.
Me tomó por sorpresa y lo miré inmediatamente, al igual que él a mí.
Fue inevitable soltar una sonrisa tierna.

Me tomó por la cintura y yo rodeé con mis brazos su cuello, mirándolo fijamente con una sonrisa que no desaparecía

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Me tomó por la cintura y yo rodeé con mis brazos su cuello, mirándolo fijamente con una sonrisa que no desaparecía.

-¿Así que somos novios?-le pregunté sonriente.

-Sí, novios-respondió firmemente, sonriéndome de lado.

Me acerqué a él y le besé los labios con mucha ternura. Había sido un beso muy dulce, y lleno de muchísimo amor.

-¡Aquí tienen sus cervezas!-dijo el argentino.

-¡Gracias!-le respondí, alejándome de Isaac.

Ambos recibimos la bandeja con cerveza y la llevamos a la mesa, en donde nos esperaba Aria y Jack, junto a algunas personas que se nos habían unido para celebrar mi victoria.

(...)

Desperté. Eran las ocho de la mañana y hoy iba a competir como animadora. Se me había olvidado por completo, y había jurado que teníamos más tiempo, pero no era así.
Anoche habíamos bebido bastante, pero extrañamente no tenía dolor de cabeza, lo cual me alegraba bastante.
Cuando llegamos, me acosté con Isaac. Mamá no supo, ya que lo hicimos en silencio, o al menos eso intentamos. De vez en cuando me daba por gritar por tanto placer, pero él me cubría la boca con la mano, haciéndome amar más ese momento. Y es que estábamos arriesgándonos bastante. En pleno peligro. ¿Y es que, sabes algo? Una vez que te arriesgas, quieres pasar toda tu vida arriesgándote, porque es una sensación magnífica, en donde superas tus propios temores y creces como persona.
Por suerte había cerrado las cortinas ayer, así que no tenía la molestia del sol invadiéndome la cara.
Me volteé, mientras me arropaba con las cobijas y lo vi allí. Durmiendo, plácidamente. Entonces me quedé allí, analizándolo con una sonrisa gigante de enamorada.

Me quedé allí, observándolo feliz

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Me quedé allí, observándolo feliz.
No podía creer todo lo que me hacía sentir Isaac. Me sentía profundamente enamorada de él, algo que jamás en toda mi vida había sentido por alguien. ¡Y es que se siente tan bien! Amo su forma de ser, como me trata. Me encanta su voz, sus ojitos tan lindos y azulados, sus labios, su pelo, sus inseguridades. Cuando escucho su voz, siento una gran fuerza en mi pecho. Amo sentirlo, amo verlo feliz, enojado, como sea, pero me encanta. Siento que encajamos a la perfección, como si nuestras manos hubiesen estado hechas para estar juntas. Y es que a veces siento que es el amor de mi vida. ¿Y por qué lo siento? No tengo ni la menor idea, sólo lo siento. Es que no me imagino un futuro sin él. Puedo jurar que estoy en un momento grandioso de mi vida. Recuerdo cada vez que me dormí en su pecho. Abrazados de la forma más dulce. Cada vez que estoy con él, me siento completa. Cada vez que habla, mis ojos brillan como estrellas y sonrió porque sí. Me siento tan cómoda, a gusto, y segura.
Cada vez que siento su mano en mi cintura, encajando a la perfección.
¡Nos vemos de maravilla! Y cómo dice una canción; "Si me dieran a elegir una vez más, te elegiría sin pensarlo... y es que no hay nada que pensar". Quiero verlo todo el tiempo, quiero escucharlo, sentirlo, besarlo en todo momento. Lo más increíble es cuando nos damos la mano. Enlazamos inmediatamente, no hay ningún movimiento torpe. Se da. Así de simple, y eso me emociona y sorprende bastante. Es genial verlo todas las mañanas, con su pijama y su carita de sueño, con su cabello desordenado. Este chico realmente me tiene mal. No pasa ni un minuto en el que deje de pensar en él.
Isaac me hace sentir en el cielo, en la felicidad extrema. Llena toda mi oscuridad con luz. Me hace vivir. Me hace sentir segura, linda, genial, querida. Y honestamente creo en nosotros. Creo en que esto va a funcionar. Pienso hacerlo muy feliz. Me proyecto mucho con él. Algunas veces tengo un día de mierda, y tan solo escucho su voz y es como si me lanzara al cielo, con toda la seguridad del mundo, porque sé que estará allí abajo para sostenerme. Me hace sentir que tengo alas, que junto a él soy capaz de todo. Me hace sentir que todo es posible y real. Y cuando todo el mundo esté contra él, yo daré un paso al frente y lo abrazaré, demostrándole que yo SÍ me quedo. Cuando crea que no tienen solución ciertas cosas yo me pasaré horas pensando en un libro con respuestas. Podría abrazarlo toda una vida, porque cada segundo qué pasó en sus brazos, son nuevas vidas. Voy hasta el fin de los tiempos con él. Y es que yo sé que nos pertenecemos y que el hilo rojo está. Él es mágico, es increíble, es utópico. Lo admiro profundamente, tal como... tal como... tal como lo amo. Así es. Lo amo con cada pieza de mi alma. Me imagino con él para toda la eternidad y sí, es mi primer amor, y creo que el amor de mi vida. No me imagino a alguien más causándome lo que me causa él.
Nunca conocí la belleza hasta que lo conocí.
Pienso en su risa, en sus preciosos ojos y juro que me río sola. Con él me atrevo a vivir, a respirar, a todo. Quiero todo con él. ¿Cómo no lo noté antes? Siempre ha sido el indicado, sólo que no lo sabía.
A veces siento que siempre estaremos en la vida del otro. Siempre juntos.
Me acerqué a sus labios y deposité un suave besito, en forma de despedida.
Me levanté y fui a la ducha, mientras me arreglaba tranquila. Haberle ganado ayer a Fiorella había sido una de las sensaciones más gratificantes. ¡Hoy iba de nuevo! Hoy le volvería a ganar en la competencia de porristas. Confío en mí.
Cuando salí, me cepillé el cabello y me lo sequé, para luego afirmarlo en una coleta con una cinta. Después, me vestí con mi traje de porrista. Color rojo.
Y bajé las escaleras contenta.
Me dirigí a la cocina, feliz y segura.

Entré a la cocina y saqué con agilidad una manzana de la canasta, dándole un fuerte mordisco

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Entré a la cocina y saqué con agilidad una manzana de la canasta, dándole un fuerte mordisco. Luego, tomé un vaso y abrí la nevera, colocándome agua fría en el vaso y bebiéndomela de una. Mastiqué harta veces el trozo de manzana y luego lo digerí.
Me miré una última vez en el espejo y salí, dejando la manzana sin nada.

(PAUSADA) El idiota de intercambio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora