Espuma.

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Ya estaba en mi cuarto, acostada en la cama. Y es que mamá insistía en que debía hacer reposo, pero honestamente, me sentía de maravillas y capaz de todo.
Hace un par de minutos había estado hablando por Skype con las chicas, quienes estaban extremadamente preocupadas con mi situación, pero obviamente les dejé en claro que ya estaba mejor. No mencioné en ningún momento lo mío y lo de Isaac, ya que no me siento preparada, además una de ellas tuvo algo con él, y no sé cómo podría reaccionar frente a una noticia así.
Estaba acostada mirando hacia el techo, aburrida. Quería hacer algo, quería salir, escaparme, no lo sé, quería hacer algo arriesgado y entretenido a la vez. Entonces, como por arte de magia, escuché como tocaban mi puerta, y rápidamente me senté.

-¡Pase!-dije fuerte.

Se abre la puerta y veo el bello rostro de Isaac, quien venía con una linda sonrisa.

-¿Qué tal estás?

-Aburrida-dije rodando los ojos.

-¿Ah, sí? Mira, justo te iba a decir que me acompañarás a limpiar el auto, sólo si es que quieres. Digo, no es algo muy cool o algo por el estilo, pero para que salgas un rato...

-¡Claro que sí!-dije feliz.

Sé qué era algo simple, pero me parecía bastante interesante y entretenido hacerlo. Me encanta ir a las máquinas en donde pasa el auto, tú estás adentro, y ves como limpian las ventanas, espejos, y cosas así. ¡Era genial! Y aún más con Isaac dentro. Sería como la típica escena de película. Ambos juntos, mientras lavan el auto, nosotros dentro, besándonos. ¡Genial!

-Vamos ahora-soltó.

-Me pongo los tenis y vamos-dije sonriendo.

-Te espero abajo-dijo sonriendo al ver mi rostro tan emocionado

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-Te espero abajo-dijo sonriendo al ver mi rostro tan emocionado.

Entonces, salió del cuarto y yo me levanté rápida y ansiosamente, buscando mis tenis en el armario, sacando los más cómodos, aunque realmente, eso daba igual. Luego, me miré al espejo y sonreí. ¡Al fin iba a salir! Me veía linda, estaba feliz. ¡Que increíble como la felicidad en una persona la vuelve automáticamente más linda! Me miré una última vez y luego salí de mi cuarto. Bajé las escaleras, sonriendo porque me sentía muy afortunada por tenerlo en la vida. ¡Quien lo diría! El destino es increíble.
Llegué abajo y noté que mamá no estaba, lo cual me tranquilizaba bastante, ya que lo más probable era que si me veía saliendo me iba a preguntar que hacía a dónde iba y no me dejaría salir.
Tomé las llaves de la mesa, las guardé en mi bolsillo del jeans y salí. Entonces, lo vi allí, apoyado en el auto, más guapo que nunca. ¡Que hombre más guapo!
Me hizo una señal, indicándome que subiéramos al auto, y así fue.

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(PAUSADA) El idiota de intercambio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora