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Martes 16 de Octubre de 2018

*Narra Santiago*

Ví la hora en mi reloj. Pasaba de medio día. Mónic entró con unos documentos.

– Hoy lo veo muy contento, señor. – comentó.

– Lo estoy. Estoy de buen humor, Mónic. – le sonreí brevemente.

– Eso me alegra mucho. Si me permite comentar: ayer lo veía muy cabizbajo. – me miró.

– Quizás, pero hay cosas que pueden alegrarte el día. – hablé recordando lo que había pasado con Valentina la noche anterior.

– De acuerdo, señor. – me dio una última sonrisa y salió.

[...]

Cuando dieron las cinco de la tarde decidí que era hora de ir a comer algo. El tiempo se había pasado volando.

¿Cómo estará Valentina?

No quise quedarme con la duda y la llamé.
Al tercer tono contestó.

– Hola, Santiago. – al fondo se escuchaba un poco de ruido, como si estuviera en un lugar público.

– ¿Interrumpo algo, Valentina?

– No, acabo de salir del GYM, ¿A qué debo tu llamada?

– Sólo quería saludar y saber cómo estás.

– Estoy muy bien, gracias por preguntar. ¿Y tú? ¿Qué tal?

– Muy bien . – sonreí aunque no sabía que no podía verme.

– Eso me alegra mucho. Santiago, ¿Podemos hablar más tarde? Tengo cosas que hacer.

– ¿Quieres que vaya por ti?

– No, Santiago, muchas gracias. Ya pedí un taxi.

– Esta bien, cuídate mucho. Adiós.

– Adiós, Santiago. – colgó.

Guardé mi celular y me enfoqué en disfrutar mi comida.

Había decidido seguí los consejos de Valeria, si bien no me daría por vencido tan fácilmente, tampoco sería un fastidio para ella.

[...]

Pedí la cuenta y salí del restaurante. Cuando caminaba hacia mi auto, mi celular vibró por unos segundos, lo saqué de mi saco y vi que era Valeria, subí a mi auto y la llamada se perdió. La llamé de regreso.

– Hola, Santiago.

– Hola, Val. ¿Cómo estás?

– Muy bien, gracias.

– Vi que llamaste, ¿Necesitas algo?

– No, Santiago, quizá presioné algo por accidente. – apenas me dí cuenta, había mucho ruido.

– ¿Estas ocupada?

– No, acabo de salir del gimnasio y estoy esperando un taxi. ¿Y tú cómo estas?

– De maravilla. Tu consejo funcionó. – dije contento.

– ¿En serio? Me alegro por ti.

– Sí, ayer le dejé flores y ya es un poco menos dura conmigo. – mi felicidad era inmensa.

– Te dije que deberías darle su tiempo y ser un poco menos insistente y más paciente con ella.

– Sí, gracias, Valeria, eso haré.

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