XIX- Nicoleta Ardelean

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—No lo entiendo —murmuró Vasile.

—Solo imagina esto: Narcisa castiga pecadores, pero. ¡Masturbarse es un pecado! Y asesinar es un pecado, pero él no se condena a sí mismo —intentó explicarle Valentín—. No castiga pecadores, castiga hipócritas.

—No entiendo... —continuó Vasile—. Pero, Danielle...

—Val tiene razón —lo interrumpió Mihaela, levantando la mirada del suelo—. Puede que Danielle no se saltara las oraciones, pero vi cómo obligaba a otras animadoras novatas a vomitar para que fuera más fácil cargarlas en la pirámide.

—Increíble —susurró Valentín dando vueltas en la habitación.

—De todas formas, todavía no entendemos cómo elige a sus víctimas, ni tampoco el motivo de todo esto —dijo Vasile.

—¿Cómo que no lo sabemos? —soltó Valentín en tono obvio, deteniendo su caminar de forma abrupta—. El cordón de rezo lleno de sangre, estudiantes modelo siendo asesinados o humillados. Quiere dejar un mensaje más grande, algo que aún no podemos ver.

—¡Muchas gracias, señora Florin! —anunció Jade, levantando la voz lo suficiente para ser escuchada por toda la casa—. ¡Chicos! ¡¿Ya tienen mis libros?!

Mihaela tomó una pila al azar de la esquina y salió con Vasile tras de ella.

Valentín se quedó observando la nota en su mano, intentando comprender lo que Clover trataba de revelar.

[xx]

Cuando Valentín vio que empezaba a anochecer, se despidió de los chicos con su calabaza llena de dulces en mano y tomó un taxi para ir a casa. Dentro, todos parecían estar dormidos, o en su defecto, encerrados en las habitaciones.

Hasta que un ruido lo asustó.

—En serio, ¿Kurt Cobain? —El joven sintió la luz de una linterna apuntarle directo al rostro y lo desvió, aturdido.

—¿Por qué estás en mitad de la sala con las luces apagadas, Anne Marie?

En cambio, la joven encendió el interruptor junto a ella y Valentín pudo mirar su vestimenta.

—Te disfrazaste de... ¿Prostituta?

—Soy Vivian Ward antes de conocer a Richard Gere, porque, duh, no necesito a un hombre para salir de la prostitución, ¿sabes?

—¿Dorian y Marie te dejaron salir así?

—Promueven mi libre personalidad. —Se encogió de hombros—. O no me han visto. No tienes manera de saberlo.

—Creo que puedo deducirlo. —Tomó asiento en el sillón frente a ella y soltó un exhausto suspiro.

—Oye —dijo ella con tono indulgente—. Hasta yo puedo darme cuenta de que no es momento para mis bromas estúpidas. ¿Qué ocurre?

Valentín la miró con cansancio.

—No logro entender a Dráck. Para él es como un lienzo en blanco y yo no lo entiendo.

Ella asintió.

—Entender a los artistas nunca fue lo nuestro, Val —explicó, y él sonrió—. Pero tampoco lo necesitas. Necesitas encontrar a Clover y vas por buen camino. Tienes razón, Nicoleta debió haber sido el detonante de algo.

—¿Detonante de qué? —escucharon preguntar a una voz ronca y sus ojos se posaron temerosos en la figura resaltante en la oscuridad al pie de las escaleras.

—Val y yo conversábamos sobre una chica que provocó una disputa en la escuela. Creemos que pudo haber insultado o herido a un chico que terminó por vengarse —soltó Anne sin siquiera detenerse a pensarlo.

El hombre miró a Valentín, esperando una confirmación. El joven solo asintió, sumiso.

—¿Cómo se llama la muchacha? —Se acercó a donde estaban sentados sus hijos.

—Nicoleta Ardelean —contestó Annette al ver que Valentín no lo haría.

El hombre asintió, pensativo.

—¿Una de dientes grandes?

—¿Cómo? ¿La conoces? —preguntó Valentín.

—Sí, estuvo aquí mientras yo todavía estaba pintando los murales. Llegó para hacerle promoción a la escuela. No sabía que se hacía eso, en ese entonces ustedes seguían en Francia empacando. Trajo unos folletos y me dijo que era la mejor escuela ortodoxa de la ciudad, le comenté que Anne ya estaba matriculada en una escuela para chicas, pero acabó convenciéndome contigo, Valentín.

—¿Vino a promocionar una escuela? —susurró Anne.

—¿Qué es esa ropa que traes puesta, Anne Marie? ¿La revista que tienes en el regazo te dice que te vistas de esa forma? Sube a tu habitación y quítate la pintura de la cara. Ya decía yo que todas las mujeres quieren ser unas zorras... Y tú, Valentín, ¿a qué clase de vagabundo intentas imitar?

Annette se levantó del sillón.

—No nos trates de esa forma —soltó con ambas manos como puños a los costados—. No soy la ramera tonta que crees y Valentín no es tu hijo perfecto echado a perder.

—Annette —la llamó el joven, pero ella negó con la cabeza.

—No me lo voy a callar esta vez.

—¿Tiene razón, Belmont? —preguntó Dorian, acercándose al muchacho.

—Valentín no te contestará nada porque le has enseñado a no hacerlo —contestó Marie, amarga.

El joven la miró, suplicante.

—Annette, por favor.

—No, ella tiene razón Valentín. ¿Tienes algo que quieras decirme? ¿Hay algo de lo que ambos quieran hablarme de una vez por todas? ¡Porque ya es hora de exponer el horror! ¡¿No, Marie?!

Valentín bajó la mirada.

—No, yo... Annette debería subir a cambiarse y yo tengo tarea que hacer.

—Lo imaginé —contestó el hombre, para después subir las escaleras siendo seguido por Valentín.

—Espera. —Su hermana lo detuvo por el brazo y susurró—. Algún día tendrás que enfrentarlo.

—Ni siquiera podemos enfrentarnos el uno al otro, Annette —escupió con furia contenida y ella lo soltó, dolida.

No entendía por qué Valentín perdía su valor al confrontar a Dorian.

No lo vio ser golpeado por él.

Ni tampoco supo de la ocasión en que lo amenazó con asesinarla a ella.


N/A: lamento que el capítulo haya tardado tanto y que sea tan corto. El horario de mis clases son una basura. Espero poder mantener el ritmo pronto. Un beso, chicos.

Confusa tragediaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora