Un hombre calvo, de pantalones cortos y zapatos desgastados le explicaba al joven castaño la forma correcta de jugar Oina, mientras este asentía de vez en cuando, sin entender del todo cómo funcionaba el juego. En Francia jugaban fútbol.
—De todas formas, puedes ir orientándote de los demás. Entrarás en el siguiente partido. No te desesperes. —Le dio leves golpes el hombro y le gritó a un grupo de niños pequeños que saltaban desde las gradas.
Valentín bufó y tomó asiento en la solitaria banca para observar a los jugadores.
—¡Eh! ¡Eh! —escuchó a lo lejos y vio a Mihaela con su uniforme de porrista extendiendo los brazos para llamar la atención de un jugador—. ¡Vasile! —lo llamó.
Vio que el rubio frunció el ceño para poder distinguirla mejor en la distancia, y ella le hizo señas para que se acercara. El joven negó con la cabeza, señalando a la única persona que faltaba para que fuera su turno de batear, sin embargo, la joven insistió juntando sus manos a modo de rezo.
Vasile frunció los labios, pero acabó corriendo hasta ella, recibiendo tras de él protestas por parte de todos. Desde su sitio, Valentín pudo ver que la muchacha hablaba con Vasile de manera agitada mientras se cortaba con sus propios sollozos al intentar explicarle algo. Señaló al interior de la escuela y él corrió con ella siguiéndole por detrás.
—¡Lassere, si quieres reemplaza a Bogdan! —gritó uno de los jugadores.
—Yo... —Tomó su mochila y se alejó del pasto verde para adentrarse a uno de los pasillos—. ¡Voy al baño, tengo nauseas!
—Franceses maricones —soltó alguien tras de él.
Ya en el pasillo, y al no encontrarlos, se dio cuenta de lo imprudente que había sido perseguirlos, por lo que volteó con la intención de irse y tomar el lugar de Vasile en la partida.
—¿Qué hacemos? ¡Mira cómo está! —reconoció la voz de Mihaela desde el interior de uno de los laboratorios y no pudo evitar quedarse plantado en su lugar—. ¡Di algo, por favor!
Luego no escuchó nada más, por lo que se atrevió a entreabrir la puerta para poder observar qué escondían.
—Diablos —murmuró al ver a Jade Grosu tumbada en el suelo, con las muñecas sangrando y una petaca vacía junto a ella.
—Vete de aquí —rugió Vasile, alejándose de Jade para estamparle la puerta contra la cara al joven.
—Vasile, por favor, no queremos un es... cándalo. —Mihaela se sorbió la nariz, e intentó sentar a Jade—. Val, cierra la puerta, ¿quieres?
El muchacho hizo lo indicado y se acercó hasta la muchacha sangrienta que le sonreía desde su lugar.
—¿Otra vez tú, guapo? —Jade maulló como un gato y luego soltó una risotada.
—¿Puedes ponerte de pie? —le preguntó él y ella rio con más ganas—. Vasile, ayúdame a llevarla hasta los lavabos. Necesitamos lavarle los brazos.
Vasile tragó en seco, pero asintió. Ambos la acercaron y Valentín le frotó las heridas en el chorro de agua con cuidado mientras Jade se quejaba.
Mihaela mantenía la vista fija en la solitaria cuchilla en el suelo.
—Mihaela, pásame la camisa que está en mi mochila —le pidió Lassere y esta se despertó del trance—. Y presiónala en sus brazos con fuerza.
Ella negó con la cabeza.
—No... No me pidas eso Val —suplicó la chica alejándose instintivamente.
—Te necesita —murmuró Valentín.
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Confusa tragedia
Mystery / Thriller|CORREGIDA| Ambientada en Rumanía durante principio de los noventa, Confusa tragedia es un thriller psicológico que relata cómo un colegio ortodoxo recibe videos en los proyectores de sus aulas por parte de un asesino de estudiantes que se justifica...
