Al entrar en casa me libré de la ropa que se había mojado y me puse otra para entrar en calor.
Ángel estuvo insistiendo durante un largo rato para que desayunase, pero realmente no me sentía con ganas de intentarlo. De hecho, si que lo intenté pero, incluso el alimento más blando se me hacía rasposo sobre la lengua y difícil de tragar.
Era incluso peor que la primera vez y no entendía por qué.
- ¿Ahora resultará que eres anoréxica? -dijo de repente.
- ¿No? -respondí incrédula.
- ¿Bulímica?
- ¡No!
-Pues te comportas como si lo fueras. Además eres tan delgada... sería lógico.
Si realmente lo hubiera sido, no necesitaría ocultárselo. Al fin y al cabo sabía practicamente todo de mi, cosas que nadie más conocía.
-A lo mejor es que cocinas de pena -le espeté.
-Era broma. Ten -me ofreció una taza que olía a té de menta-. Calentará tus manos, pero bébelo cuando se haya enfriado del todo.
Él se sirvió una taza de café y desapareció tras la puerta de su habitación. Como siempre, desaparecía.
La verdad es que el calor que desprendía la taza ayudaba... Me quedé acurrucado en mi rincón del sofá, con la manta sobre los hombros y la taza entre mis manos.
Al rato vi salir a Ángel del cuarto, se había cambiado también y llevaba una camiseta de manga corta. Estaba desenvolviendo la venda de su brazo, manchada de sangre fresca, más de la que sería habitual. Se fue en dirección al baño.
Eso le pasaba por ponerse a quitar nieve como un imbécil teniendo una herida reciente de ese calibre en el brazo. Debería aprender la lección...
Dejé la taza sobre la mesita y le seguí hasta el cuarto de baño, pero me quedé en la puerta observándole.
Estaba limpiando la herida con una gasa empapada en betadine. Por lo menos estaba haciendo algo bien... Pero luego cogió un rollo nuevo e venda y empezó a envolvere el brazo de forma aleatoria, como si su problema a solucionase por arte de magia al quedar enterrado bajo capas y capas de venda blanca.
Estaba segura de que podía hacerlo mejor, pero sólo tenía disponible una mano y ese corte era muy complicado para tratarlo así.
Me apiadé de él.
-Así no se va a curar bien en la vida -le dije.
Me miró de reojo, pero no se detuvo.
-Tampoco voy a ir al médico a explicarle porqué necesito puntos en el brazo.
Siempre podía decirle que tenía algún tipo de trastorno y que se cortaba. Pero no creo que le hubiesen creído.
-No necesitas puntos...
Me acerqué a él y rebusqué en el botiquín que tenía abierto. Estaba muy familiarizada con esas tiritas y sabía que no podían faltarle, aunque Tal vez él no sabía cómo usarlas o simplemente no las había visto dentro del paquete.
Las saqué de su embalaje, eran tiritas mariposa para sutura. Había seis en total, un poco justas para el tamaño de ese corte, pero suficientes para arreglarlo más o menos temporalmente.
Ángel me miró inseguro durante unos instantes, pero finalmente empezó a retirar la venda.
-Deja el brazo te posición horizontal, pero relajado -le dije.
Voy a ser sincera, la vista no era muy agradable. Sobretodo siendo en el brazo, me recordaba a la primera vez que se me fue la mano con el cúter nuevo. Me lo hice en la derecha aquella vez, al tener el brazo en tensión, la piel se abrió más de lo normal desgarrándose a lo ancho. Entonces todavía no sabía cómo remediarlo y así se formó mi peor cicatriz.
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Secuestrada (Indefensión Aprendida)
Mystery / Thriller"Todas las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida, te han traído hasta aquí. ¿No te arrepientes de nada? " "Realmente... me da igual". Una chica es asaltada y a pesar de sus conocimientos de defensa personal, decide ignorar el instinto de s...
