Quince días.
Quince días en cama con una neumonía fulminante. Al paso que iba, probablemente si Linda no hubiese entrado, habría muerto.
Maldita Linda.
Cuando pude ponerme de pie nuevamente, descubrí que en la gran mansión Iero, varias cosas habían cambiado.
A Frank, no volví a verle ni la nariz, pero así mejor... aunque por dentro me muriera de ganas.
Cheech comenzó a pasar las tardes conmigo, enseñándome cosas sobre contabilidad y música, por muy loco que suene. Linda venia durante las mañanas a platicar y en las noches me arropo hasta que me dormí. Mas de una vez llorando.
Siento que se han jugado el papel de padres conmigo muy en serio... pero cuando se los hice notar, a cada uno por separado, ambos respondieron lo mismo.
"para mí, ya eres como un hijo"
Ese mismo día, ambos me contaron la historia de lo difícil que había sido para ellos ser padres. Cheech me confeso cuanto deseo siempre tener muchos hijos y como Linda lo había apoyado cuando se casaron, pero no era su destino y solo pudieron tener a Frank, con una serie de complicaciones.
Así que, más que hacer trabajo de caridad conmigo, lo que estaban haciendo era verter en mi todo el amor que tenían para dar.
Y por mi está bien... porque perdí tan pronto a mis padres que el cariño no está demás.
Me miro al espejo. El uniforme me queda gigante, he bajado fácilmente unos 10 kilos y se podría decir que estoy en mi mejor momento de la vida. Que ironía.
Mi cabello esta largo... demasiado.
- ¿Qué tanto te miras vanidoso? - Linda entra cargando una bandeja con comida y su eterna sonrisa. - mañana ya vuelves al colegio. Queda lo último. - asiento lento, la realidad es que me siento horrible. Imagino que así se sienten los enfermos terminales. - ¿quieres cortarte el cabello? - la miro extrañado- no sé... hacerte un cambio de look.
Mientras me llevo una cucharada de avena a la boca, me lo pienso y asiento. Un cambio... no vendría mal para variar...
Corrección... es una mierda mi cambio.
Camino por los pasillos llenos de alumnos que se giran a mirarme por mi nuevo look supongo. Me detengo en mi casillero y guardo adentro los libros que no ocupare en lo que queda de jornada.
Escucho al fondo un montón de vitoreo y aplausos y veo como Bert encabeza al equipo de futbol americano del colegio. Sonríe y saluda a todos, pero en cuanto me ve su sonrisa se borra de golpe.
Mierda.
No volví a hablar con Bert desde mi cumpleaños, hace varios, VARIOS días atrás. Creo que más de un mes.
Me mira de pies a cabeza y frunce el ceño. Un temor muy extraño se apodera de mí y millones de escalofríos, como corrientes eléctricas me atraviesan. Se despide de su equipo con la mano y camina directo hacia mí. Quiero huir, correr lejos hasta el rincón más apartado de este colegio y quedarme ahí hasta que Linda venga por mí, pero mis piernas no responden. Bert va a golpearme.
- Hola...- su voz es chiquita y si no estuviera frente a mí, pensaría que imagine su saludo.
- Hola Bert...- sin esperármelo, me envuelve entre sus brazos. El olor a su colonia me marea y siento la bilis subir quemando por mi garganta, pero contengo la arcada.
- Dios... pensé que no volvería a verte. ¿Cómo estás? - se separa lento y me vuelve a mirar de arriba hacia abajo- Fiuuuuu, estas más guapo que la última vez que te vi y eso es decir demasiado. Así que... pelo cortito y blanco ¿eh?, ¿a qué se debe el cambio? - le sonrío de lado.
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Small Bump
FanfictionJoven, con un futuro por delante, arruina todo en una noche. Todo giro nos cambia la vida.
