XXII. El idiota más idiota del mundo

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Diamond me dejo en casa antes de mi toque de queda. Subí a mi habitación no más llegue y me puse a maldecir a las chicas como Perla. Dios, son tan estúpidas. Ag, como caen rendidas ante el estúpido de Johann. Baje a la cocina por un jugo de naranja y luego volví a subir a mi habitación.

Salgo a la terraza a refrescarme un poco. La briza acaricia mis mejías y veo como la puesta de sol ilumina el cielo. Respiro profundamente y cierro mis ojos, tratando de que la paz y la serenidad que encuentro en estos momentos abarque todo mí ser.  

-¿Tratando de controlar los celos, he? – No puede ser. No ahora.

Abro mis ojos y toda la paz y la serenidad que había se espumo.

-¿Qué quieres?

-Nada, pequeño juguete. – Lo fulmino con la mirada.

Johann se encuentra en su casa, en la ventana, observándome.

-Maldición, ¡Te odio! Aléjate de mí. – Gruño.

-Jamás quise estar cerca de ti. – Me guiña un ojo.

-Entonces, déjame en paz.

-No quiero. – Se ve cerio.

-¡Maldición! ¡¿Por qué, Johann?! ¡¿Por qué?! – Estoy exasperada.

-Porque me gusta ver cómo te pones. ¡Mírate!  – Se echa a reír.  No lo soporto más.

-¡Quisiera apuñalarte con esa varita celestial que tienes! – Lo grito, sin pensarlo

Johann se queda callado unos segundos, luego, se encoje de hombros.

-Nah, para tú mala suerte, AMIGA, ni siquiera con eso puedes matarme.

-Pero, ten por seguro que si pudiera, lo haría.

Yo estaría dispuesta a mancharme las manos con tú sangre.

Y en un abrir y cerrar de ojos, tengo a Johann frente a mí, su nariz casi roza la mía.

-No te atreverías. – Se aleja, dos pasos de mí.

-Sí pudiera, lo haría.

-Un juguetito tan débil como tú no podría hacer algo así. Tú papi estaría muy decepcionado de ti.

Y sin pensarlo, le tiro el jugo de naranja que quedaba en mi vaso. Johann con un movimiento, congela el jugo en el aire y luego, este cae en el suelo, haciéndose añicos. Y me da rabia. Mucha rabia al saber que no le puedo hacer nada.

-No puedes hacer nada contra mí, querida. Nadie puede.

-Egocéntrico. Patán. Canalla. Imbécil. Idiota. – Lo insulto.

-Deberías agradecer que te he salvado la vida y que ahora tu cama no está húmeda.

-Uy, sí, muchísimas gracias. – Hablo, con sarcasmo.

Fulmino con la mirada a Johann y luego, mi vista recorre su musculoso brazo y veo que con su mano derecha empieza a moverla. Está haciendo algo. ¡Bum! Una gran bola de agua cae sobre mí.

-Me encanta cuando las chicas están mojadas. – Y se empieza a reír a carcajadas.

Luego, desaparece, dejando un polvito negro que cae al suelo. Y desde aquí, puedo escuchar las risas de Johann. Lo odio. Estoy toda empapada de agua y empiezo a temblar por el frio. Estoy harta que Johann me humille así, que me utilice, que juegue conmigo. Tengo que hacer algo.

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False InnocenceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora