Diamond me dejo en casa antes de mi toque de queda. Subí a mi habitación no más llegue y me puse a maldecir a las chicas como Perla. Dios, son tan estúpidas. Ag, como caen rendidas ante el estúpido de Johann. Baje a la cocina por un jugo de naranja y luego volví a subir a mi habitación.
Salgo a la terraza a refrescarme un poco. La briza acaricia mis mejías y veo como la puesta de sol ilumina el cielo. Respiro profundamente y cierro mis ojos, tratando de que la paz y la serenidad que encuentro en estos momentos abarque todo mí ser.
-¿Tratando de controlar los celos, he? – No puede ser. No ahora.
Abro mis ojos y toda la paz y la serenidad que había se espumo.
-¿Qué quieres?
-Nada, pequeño juguete. – Lo fulmino con la mirada.
Johann se encuentra en su casa, en la ventana, observándome.
-Maldición, ¡Te odio! Aléjate de mí. – Gruño.
-Jamás quise estar cerca de ti. – Me guiña un ojo.
-Entonces, déjame en paz.
-No quiero. – Se ve cerio.
-¡Maldición! ¡¿Por qué, Johann?! ¡¿Por qué?! – Estoy exasperada.
-Porque me gusta ver cómo te pones. ¡Mírate! – Se echa a reír. No lo soporto más.
-¡Quisiera apuñalarte con esa varita celestial que tienes! – Lo grito, sin pensarlo
Johann se queda callado unos segundos, luego, se encoje de hombros.
-Nah, para tú mala suerte, AMIGA, ni siquiera con eso puedes matarme.
-Pero, ten por seguro que si pudiera, lo haría.
Yo estaría dispuesta a mancharme las manos con tú sangre.
Y en un abrir y cerrar de ojos, tengo a Johann frente a mí, su nariz casi roza la mía.
-No te atreverías. – Se aleja, dos pasos de mí.
-Sí pudiera, lo haría.
-Un juguetito tan débil como tú no podría hacer algo así. Tú papi estaría muy decepcionado de ti.
Y sin pensarlo, le tiro el jugo de naranja que quedaba en mi vaso. Johann con un movimiento, congela el jugo en el aire y luego, este cae en el suelo, haciéndose añicos. Y me da rabia. Mucha rabia al saber que no le puedo hacer nada.
-No puedes hacer nada contra mí, querida. Nadie puede.
-Egocéntrico. Patán. Canalla. Imbécil. Idiota. – Lo insulto.
-Deberías agradecer que te he salvado la vida y que ahora tu cama no está húmeda.
-Uy, sí, muchísimas gracias. – Hablo, con sarcasmo.
Fulmino con la mirada a Johann y luego, mi vista recorre su musculoso brazo y veo que con su mano derecha empieza a moverla. Está haciendo algo. ¡Bum! Una gran bola de agua cae sobre mí.
-Me encanta cuando las chicas están mojadas. – Y se empieza a reír a carcajadas.
Luego, desaparece, dejando un polvito negro que cae al suelo. Y desde aquí, puedo escuchar las risas de Johann. Lo odio. Estoy toda empapada de agua y empiezo a temblar por el frio. Estoy harta que Johann me humille así, que me utilice, que juegue conmigo. Tengo que hacer algo.
–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
¡Hola, amigos! Quería agradecerles por leer esta pequeña historia y también por su apoyo. Por favor, sí les gusta voten y no olviden comentar. ¿Que tal les parecio esté capitulo? Mil gracias por apoyarme a las pocas personas que lo hacen, y también si pueden recomendar mi historia les agradecería mucho. ¡Que tengan un bonito día, tarde o noche! (En mi país es almediodia) ¡Cuídense!
ESTÁS LEYENDO
False Innocence
FantasySoy Aleesha Bloom y estoy pasando por una verdadera crisis familiar: mis papás están peleando por quedarse con mi patria potestad. Nora, mi madre, ha estado aprueba por dos años y ahora es el turno de Liam, mi padre. Tengo que volar hasta la otra pu...
