XVI. Hermosa satisfacción

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Abro mis ojos y miro el reloj que marca las cinco de la mañana. ¡Vaya, que temprano! Me levanto y camino hacia las puertas de cristal y observo el auto: sigue como lo deje. Eso significa que Johann no lo ha visto…

Me ducho y me cambio a unos pantalones deportivos y unos tenis junto con un suéter con capucha. Bajo a la cocina y me preparo el desayuno: fruta picada y un vaso de leche. Como mi desayuno tranquilamente ya que tengo tiempo hasta de sobra. Luego, ayudo a Natacha a ordenar y luego subo a mi habitación y tecleo en mi móvil el numero de mamá. Y contesta al tercer timbrazo.

-¡Oh, Aleesha, cariño! ¿Cómo estás?

-Hola, mami, bien ¿y tú?

-Extrañándote. ¡¿Cómo es ahí?! ¡Cuéntame! 

-Yo igual, mamá. Pues, es normal.

Sí, aquí no hay nada de normal.

-Me está yendo bien en la escuela.

-¡Qué alegría!

Pero saben, sé qué esta triste. Quisiera verla y abrazarla.

-Sí, lo malo es que, aquí todo queda súper lejos. La pizzería, el centro comercial, todo.

Y aunque no tengo mucho que contarle, bueno sí pero no puedo, trate de contarle cada detalle de aquí. Luego, nos despedimos, nos dijimos cuanto nos amábamos y colgamos.

-¡¿Pero qué mierda?! – Escucho un grito. El pez mordió el anzuelo.

Me levanto de un brinco de la cama y corro hacia las puertas de cristal. Salgo a la terraza y miro hacia abajo: Johann pasea alrededor del auto, como loco, y luego se detiene y lee lo que le escribí en el parabrisas. E inmediatamente, levanta la vista, hacia la terraza y nuestras miradas se cruzan. Le guiño un ojo, me doy la vuelta y entro a mí habitación.

¡Oh mi Dios! ¡Lo vio, lo vio! Me echo una gran carcajada. Y de repente, siento a alguien detrás de mí. Me volteo y me enfrento con Johann.

-Qué bonito tu auto, Johann. – Le sonrío.

-¿Sabes cuánto dinero me costó ese auto? – Vaya, está enojado.

-Nop. Ni me interesa. – Me encojo de hombros.

-Bien. Así quieres jugar, está bien. – Sonríe tan macabramente que se me eriza el bello.

Y se va, a una velocidad extrema, que hace que hasta mi cabello se mueva por la brisa que provoca. Y ahora, tengo que pensar mi siguiente movimiento. Miro el reloj. ¡Joder, se me hace tarde!

Bajo corriendo los escalones y me encuentro con papá.

-Hey – Lo saludo con un beso en la mejía –, ¿Podrías llevarme a la escuela?

-Claro. – Sonríe.

Tomo mi mochila y me subo al auto de papá; nos vamos hacia la escuela. Después de un trayecto, llegamos al campus.

-Gracias, pa.

-Nos vemos en la noche; te amo.

-Sí, te amo.

Me bajo del auto y camino hacia mi primera clase: Biología. Entro al salón y me llevo una sorpresa enorme: Johann se encuentra sentado justo a la par de mi asiento. ¡Él no estaba en esta clase! ¿Qué hace aquí? Me siento y le hago mala cara; hago lo posible por ignorarlo. Mantengo mi vista hacia el frente.

-Hey. – Me llama. – Hey.

Yo no lo vuelvo a ver, solo lo ignoro y hago como si nada.

-Hey, Andrea. – Sigue llamándome.

-Aleesha. Es Aleesha. – Gruño entre dientes. No lo veo a la cara, mi vista sigue al frente.

-Como sea. Sólo quería decirte que el clima esta raro y que deberías de andar una chaqueta impermeable, por si llueve.

-No seas tonto; mira como brilla el sol. – Miro hacia las ventanas y sí, el sol esta reluciente.

-Bueno… – Y ahora, él fija su mirada al frente.

¿Qué fue todo eso? ¿Me está… protegiendo de la lluvia? Algo anda mal. Muy mal.

False InnocenceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora