XIX. Nuevos amigos

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Él día de ayer fue pésimo. Odio vivir aquí. Si tan solo papá viviera con mamá… y Natacha, bueno, ella una amiga de mamá que jamás se mete con papá. Ayer por la noche hable con mamá y me comento que había estado conociendo nuevas personas; entre ellas, un tipo guapísimo. Está bien que ella quiera rehacer su vida, así como papá lo ha hecho. ¡Si mamá se enterará de Natacha! Se molestaría muchísimo y es capaz que hace todo lo posible por sacarme de aquí y otra vez tendríamos que ir al juzgado.

Me levanto de la cama y camino hacia la ducha. Me ducho y luego me pongo un vestido sin mangas y es corto, poco arriba de la rodilla, y es color salmón y luego me pongo unos zapatos de tacón blancos. No sé porqué quiero ir un poco arreglada a la escuela pero tengo ganas de ir en vestido. Me hago una cola de caballo y luego me maquillo un poco. Estoy lista, así que tomo mi mochila y bajo a la cocina; me encuentro con Natacha y papá.

Saludo a papá con un abrazo y un beso y a Natacha solo con un “Hola” y una sonrisa.

-¡Estás hermosa con ese vestido! – Chilla Natacha.

-¿A qué se debe que mi hija se vista así un día tan común como ahora?

-Oh, nada, solo tenia ganas. – Sonrío.

-Sí es por chico juro que lo matare. – Murmura papá. Pongo los ojos en blanco.

Me siento en un taburete y Natacha me sirve el desayuno. Hoy, por primera vez, desayuno con papá en un día de semana. Papá y yo nos reímos  y hasta casi nos atragantamos con la comida.

Y me doy cuenta de que papá solo pelea así con mamá. Con Natacha todo es risas…

-Me tengo que ir. ¿Quién me lleva? – Me paro del taburete.

-Yo iré. Tal vez vea al tonto que te anda molestando.

-Ya dije papá; no hay nadie, ni siquiera un chico, ni una chica. – Suelto, exasperada.

-Mmmm… bien.

Salimos de casa y nos subimos a la camioneta de papá. Después de un transcurso, llegamos a la escuela, donde se ven muchos jóvenes (qué no sé de dónde salen).

-Te quiero.

-Claro. 

Estoy enojada. En parte, me da radia ver como papá y Natacha se llevan tan bien. Tengo que superarlo. Pero hoy no; quizá mañana.

Camino hacia el campus y me siento en una banca, mientras espero a que suene el timbre y así irme a mi primera clase. La banca es larga, así que en ella se sientan una chica y un chico. No les prestó atención. Mi mirada está en nada; miro hacia el vacio.

-Hola.

La voz hace que salga de mi transe y miro hacia el sonido de la voz: Una chica, su cabello colocho de color rojizo muy largo, es piel clara y sus ojos son color miel. Se ve muy dulce.

-Hola.

-Eres nueva, ¿verdad?

-He, sí. – Sonrío débilmente.

False InnocenceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora