IX. Esto no fue mi imaginación

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Una semana ha pasado y yo he seguido imaginándome cosas. No lo soporto y tengo miedo.

Un día, entre en mi habitación, y mi cama estaba flotando. Sí, flotando a unos tres metros del suelo. Me lleve un susto de muerte. Pegue grito y salí corriendo de mi habitación. Luego, subí cautelosamente, abrí la puerta y la cama estaba en su lugar. No sé qué carajos está pasando, realmente. Esto no es normal. Ayer, por ejemplo, de la nada las duchas de toda la casa empezaron a funcionar, se encendieron sola y cuando las cerraba todas, nuevamente empezaron a funcionar. Todo esto es una completa basura. No sé qué carajos está pasando.

Por otro lado, Natacha consiguió trabajo. Gracias a Dios, así no pasará todo el día aquí. Consiguió trabajo en Taco Bell. Así que ahora, estoy sola en casa. Por la mañana fui a clase y las miradas de todos disminuyeron excepto las de Johann. Maldito, me estoy aburriendo de sus miradas feas, de todo él. Si pudiera quemarle ese cabello sexy que tiene lo haría. Y aun estando calvo te gustaría. ¿Qué? Mi subconsciente habla solo estupideces.

Enciendo la estufa y me pongo a hacer unos panqueques de galleta Oreo. Sí, lo vi en YouTube, así que decidí probar hacerlo. Están listos y los pongo en un plato. Subo a mi habitación y tomo un libro, luego me voy a la sala de estar a comer y a leer. Me gustan mucho las aventuras de Percy Jackson. Así que leo Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo: El último Héroe del Olimpo.  ¡Amo a Percabeth! (Percy y Annabeth). La verdad es que ya me he leído toda la saga pero la he vuelto a leer; tengo todos los libros de la saga y los cuido con mi vida.

Pruebo mis panqueques de galleta Oreo: ¡Me quedaron riquísimos!

Frunzo el ceño. Huele a quemado. Levanto la vista del libro y veo que humo negro sale de la puerta que da a la cocina. ¡Maldita sea, olvide apagar la estufa! ¡Soy una tonta! Me levanto de un brinco y voto el plato con panqueques y el libro. Corro hacia la cocina y entro. ¡Todo está prendido en llamas! El comedor, la estufa, el refrigerado, las paredes y toda la madera que hay dentro. Empiezo a toser. El humo invade mis pulmones. Me quito mi suéter con capucha y trato de apagar algunas zonas. ¡Mierda, no funciona! Mis ojos arden por el humo. Empiezo a respirar con dificultad y siento que mis piernas se aguadan. Entro más dentro y empiezo a toser. Por las llamas se proyecta una sombra de una persona. Y saben, estoy tan acostumbrada ya a ver cosas que no le pongo atención. La sombra se va definiendo y aparece Johann.

-¡¿Qué has hecho?! – Grita Johann.

-La… es… estufa. – Empiezo a sentirme débil.

Johann me toma de la cintura y me saca hasta el umbral de la puerta. Me deja ahí y entra donde esta todo el fuego. ¿Qué hace esté imbécil?

Y de pronto, Johann estira sus manos hacia adelante (parece de esas personas que cuando oran extienden sus manos, con sus dedos abiertos), y pequeñas esferas de agua empiezan a girar sobre las palmas de sus manos. No, esto no puede estar pasando. Esto, si que no es mi imaginación. Las dos esferas de agua empiezan a hacerse más y más grandes, que al final, chocan y se hacen una sola, formando una enorme esfera de agua brillante. Toma la enorme esfera de agua con solo su mano derecha, hace gesto que la aventara y la bola de agua sale disparada de su mano, como una bola de boliche y hace un semicírculo, rodando desde el lado derecho, abarcando hasta el fondo del lugar y llegando al lado izquierdo. La esfera de agua llega a  Johann como si la llamara y esté la recibe con la mano izquierda, se la pasa a la mano derecha y hace el mismo proceso. Por donde ha pasado la esfera, vapor se eleva.  Luego, teniendo la esfera en sus dos manos –en el aire, sin tocar sus manos– tira la esfera hacia arriba, hasta el techo y cae rápidamente. Cuando está a punto de llegar a sus manos, Johann la empuja con sus manos hacia adelante, y la esfera de agua explota convirtiéndose en una ola de agua que avanza hacia adelante, abarcando todo el lugar.

Lo miro boquiabierto. Estoy estupefacta. No sé qué pensar. Esto está mal, esto no fue mi imaginación. Jamás había visto algo así. Esto es irreal. Esto da miedo. ¿Johann… con esferas de agua en sus manos? ¡Qué coño!  Y ahora, el lugar es abarcado por vapor. Johann se da la vuelta y me mira. Lo miro sorprendido. Las piernas empiezan a flaquearme. Mis parpados se vuelven pesados. Y lo último que veo es a Johann corriendo hacia mí y lo único que escucho es la palabrota que suelta:  

-Joder.

False InnocenceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora