XXV. Borrando de la memoria el incidente

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La fiesta en el barco Arabelle fue un total desastre, pero después tuvimos que bajar del barco y continuar la fiesta en la playa. Son las cuatro de la tarde así qué el sol ya esta escondiéndose. Los pocos profesores que han venido, se han ido a un rincón con una taza de café; dijeron que ya no nos iban a cuidar, que éramos unos rebeldes incomprensibles y sólo nos pidieron de favor que usáramos protección y que no quisiera que hubiese muertes. Así qué estamos libres sin que ningún profesor nos controle. Y en parte está mal; porque esto será una total locura.

La música está a todo volumen, todos andamos en bikini, todos -menos yo- están tomándose una que otra cerveza. Casi todos los chicos, incluyendo a Diamond y dejando a un lado a Johann, se encuentran medio borrachos. Lo sé, es raro que Diamond se encuentre medio borracho y no Johann. Las chicas también se encuentran tomando cerveza. Hoy es el día de casería para casi todos los chicos. Unos se están besando, otros se besan en el cuello, otros se tocan por todas partes e inclusive hay tríos de dos chicos con una chica o al revés. ¡Es una locura!

Johann al principio se comporto amable conmigo, pero luego se volvió Johann Él Patán. A andado de chica en chica y todas caen rendidas a sus pies. Alex en estos momentos se encuentra en un rincón junto a Jesse, besándose y tocándose por todos lados. Todos aquí se besan como si fuese el último día. Yo me encuentro en nuestra disque pista de baile, saltando y bailando lo más moderadamente.

-¡Hey, está es tuya, Aleesha! – Johann me pasa una cerveza.

-¡No tomo! – Grito para que me escuche. La música está muy fuerte.

-Relájate y disfruta. – Y se va, perdiéndose entre el gentío.

Miro la cerveza que está en mi mano. Ya qué. Doy un sorbo y sigo bailando. La canción se vuelve más movediza y todos empezamos a saltar al ritmo de la canción. No sé quién, pero alguien empieza a tirar cerveza y me cae en el escote de mi pecho y de repente, aparece Johann y lo lame con la lengua.

-¡Cabrón! – Le planto una cachetada. ¡Por fin le pude pegar!

-Sé qué te gusto. – A pesar de la bofetada que le he plantado, sonríe picarón, me guiña el ojo y se aleja.

Maldito imbécil, no respeta. Lo bueno es que le pude pegar… ¡Claro! ¡Él no puede hacer magia en público! Sí quiero vengarme, tengo que hacerlo en público.

A pesar de todo, sigo bailando y sigo bebiendo. Sólo me he tomado una cerveza y no tomaré más. El suelo empieza a temblar. Pero al parecer solo yo lo noto. Johann aparece junto a mí y me ofrece otra cerveza.

-¡Ya no, idiota! ¡No me des más! – ¡Bam!  El suelo vuelve a temblar.

Y está vez, Johann lo siente y frunce el ceño. Mira la arena y luego, como si se diera cuenta que es, levanta sus cejas y antes que me dé cuenta, me empuja y caigo sentada lejos de donde estaba.

Una enorme culebra ha salido del suelo, justo de donde yo me encontraba parada. Una culebra, larguísima y es tan gruesa como el ancho de un auto.  La gente, todos los que estamos aquí, empiezan a gritar y a gritar desesperadamente cuando la ven. Todos echan a correr.

Me levanto como puedo, ya que me duele el trasero, pero aun así, corro donde se encuentra Johann. No sé porqué, pero lo tomo del brazo y lo jalo, como si quisiese que se fuera conmigo.

-¡Vámonos! – Chillo, desesperada.

-No. – Su voz es firme.

Ahueca sus manos frente a mí y noto que una burbuja empieza a rodearme. ¡¿Qué es esto?!

-¡¿Qué haces?! – Grito. La burbuja está formada a mí alrededor. Empiezo a patalear y a pegarle a la burbuja y me doy cuenta que es de agua, pero no logro explotarla, solo manda ondas.

False InnocenceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora