8. Cicatrices Ocultas

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"Las cicatrices de los otros deberían enseñarnos precaución"

San Jerónimo

Nota de autora: ¿Qué creen? ¿Qué yo lo escribí? Nah, todo el crédito a Moonsing y J.K

SIRIUS:

— Me preguntó ¿Qué estará mal con él? — Dijo James curioso mientras que los tres pasaban el tiempo cerca de la chimenea de la sala común aquella tarde.

— ¿Con quién? — Sirius recogió un frío pedazo de pergamino que lanzó a las llamas.

— Con Lunático, por supuesto.

Levantando la mirada, Sirius siguió la dirección que James observaba. Lupin se encontraba sentado solo en una mesa casi al final de la sala, ensimismado en su libro de transformaciones, tinta y pergamino a su lado.

— Se ve normal para mí— Dijo Sirius, preparado para volver a tirarse en el suelo.

— Igual a mí— Añadió Peter, desde la silla en donde estaba acurrucado opuesta al sofá de James.

— Me refería, a que me preguntó la razón por la cual no puede mantener ningún amigo— James explicó— Lo vimos sentado junto a Quejicus en el tren y ahora ni siquiera lo mira desde que subimos a los botes. Luego pensé que quizás pudiera juntarse con Longbottom después de la clase de encantamientos, porque creo que ha sido la única vez en que lo he visto sonreír, pero Longbottom lo dejó tirado por Michael Douglas en el almuerzo y Lupin volvió a estar por su cuenta.

Sirius giró la cabeza para ver a su amigo: — Lo has estado observado por un tiempo muy largo.

— Hay algo mal en él.

— ¿Es esto debido a que se burlará de tu mamá? — Preguntó Peter, perplejo.

No— James miró a Peter fulminante— Se los dije, creo que algo está mal, y si voy a compartir una habitación con él durante los próximos siete años, quiero saber qué es.

— Bueno, Quejicus no es exactamente amigable— Señaló Sirius— Lo más probable es que solo se quedarán leyendo en el tren.

— Bien, entonces eso debería haberles dado oportunidad de formar un vínculo de sabelotodo— Dijo, con su expresión testaruda— Y Lunático obviamente pensó lo mismo. Ustedes también lo vieron corriendo alrededor buscándolo cuando íbamos a los botes. Él estaba totalmente destrozado cuando vio que Quejicus se sentaba con alguien más.

— De igual forma no hubiera funcionado— Dijo Peter— Quejicus fue puesto con las serpientes donde pertenece y nosotros nos quedamos atascados con Lunático.

— Ese no es el punto— Reclamó James— Incluso Snape, a quien nadie quiere, lo rechazó como amigo. ¿Qué me dices de Longbottom?

Sirius se dio cuenta de que jamás viviría para oír el final de esta discusión y suspiró: — ¡Oye! ¡Longbottom! — Gritó a su compañero de curso, quien jugaba snaps explosivos con Douglas sentados cerca al retrato de entrada.

Longbottom dirigió su atención a Sirius: — ¿Qué?

— Ven aquí un segundo.

Longbottom parecía reacio a hacerlo así que Sirius fue quien rodó sobre su estómago y le mostró sus ojos inocentes: — No planeamos nada malo ¡Lo juró!

Longbottom aún lucía dudoso, pero se acercó a los tres amigos. Sirius no podía realmente culparlo viendo que ya le habían quitado treinta puntos a Gryffindor por tirarle una bomba apestosa a Parkinson en el caldero durante pociones ese mismo día.

— ¿Y bien? — Preguntó, viendo a Sirius impaciente.

— Parecía que te llevabas muy bien con Lupin hoy en encantamientos.

Longbottom parecía perplejo: — Si ¿Y?

— ¿Cómo es que todavía no son amigos? — Le preguntó Peter— ¿Te ha hecho algo?

— ¿Qué? — Longbottom les miraba con confusión— ¿A qué se refieren con "Hacerme algo"?

— Pues, obviamente no son amigos, así que solo nos preguntábamos el por qué— Sirius observó vagamente en la dirección de Lupin. Lupin levantó la mirada y les miro sospechoso, incluso cuando Sirius sabía que no podía oírlos con el ruido de los otros estudiantes.

— No porque hallamos hablado en encantamientos tenemos que hacernos amigos de inmediato— Les dijo Frank— No hizo nada malo. Es un gran sujeto — Los vio con algo cercano a la irritación— Y si tanto les preocupa ¿Por qué no lo invitan a su pequeña pandilla?

Giró y regresó a su pequeña partida de Snap.

— Ya vez— Le dijo Sirius con tono sabiondo— No hay nada extraño.

James aún no lucía convencido: — Deben por lo menos admitir que algo de él es malo.

Sirius suspiró de nuevo y volvió a mirar a Lupin, quien estaba otra vez inclinado en su pergamino, su largo y arenoso cabello tapando sus ojos. Sus mejillas se veían un tanto sonrojadas.

— No exactamente malo— Dijo Sirius— Pero debo admitir que es un tanto extraño, aunque no malo— Dudó sobre si decirles acerca de lo que vio aquella mañana.

— ¿Qué? — Le exigió James, quien ya entendía a Sirius como si fuera una parte de su cuerpo.

— Está mañana se quemó la mano con la ducha. Lo vi aplicarse poción curativa en ella.

— ¿Y?

— Que era un frasco enorme casi terminado— Sirius observó a Lupin de nuevo, luego su mirada fue a los ojos avellana de James. Bajó su tono de voz— Cuando se arremango la túnica para aplicarla vi unas cuantas cicatrices en su muñeca.

— ¿Cicatrices? — El ceño de James se frunció en un signo de pequeña preocupación.

— Si. No pude mirar mucho, porque él se dio cuenta y de inmediato se bajó la manga, pero estoy seguro de que eran cicatrices. Tenía una que parecía una quemadura redonda, y otras como de latigazos.

Un silencio llenó el ambiente mientras James y Peter recibían la nueva información.

— ¿Cómo has podido reconocerlas? — Le preguntó Peter con nerviosismo.

Sirius se encogió de hombros con desinterés. Pero en realidad pensaba sobre su madre y ese día en que le cruzó el rostro de una bofetada con el respaldo de su mano. Recordaba el ardor del anillo cortando su mejilla y el horror y shock que sintió cuando chocó contra el suelo. Se preguntó si había padres afuera que no le dejaban los castigos a los elfos domésticos. Se preguntó si había padres que llegaban más lejos que encerrar a sus hijos durante tres días en la bodega.

Volvió su mirada a James y observo como la culpa se escribía en el rostro del chico.

— Sigue siendo extraño— Dijo.

— No tenemos que ser sus amigos— Sirius le aseguró, repitiendo lo que dijo la noche anterior— Puede estar demente, pero tal vez es por una buena razón.

James le lanzó otra mirada a Lupin, más comprensiva que fulminante está vez. El chico de cabello arenoso estaba tan acurrucado en su esquina que parecía que deseará derretirse en su escritorio.

— Bien— Dijo James— No seremos malos con él nunca más. Seremos agradables. Pero sigo sin querer ser su amigo.

Sirius no podía entender porque sentía una especie de alivio al escuchar estás palabras. Después de todo, ¿A él qué le importaba lo que le pasará a Lupin?

La marca de aquella pequeña cicatriz en su muñeca parecía haberse quemado en su memoria por siempre.

Convocando sombras de LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora