Capítulo 34 ‒ Reencuentro

9 4 0
                                        

El mismo martes

--- Thomas ---

Corríamos como locos luego de cruzar el portal que no nos había llevado precisamente a Oniria. Este lugar parecía abandonado por la vida y el destino, carecía de luces fuertes y mantenía una lluvia suave pero constante. El frío calaba fuertemente nuestros huesos y dolían como si estuviéramos despiertos. No solté en ningún momento a Daisy, pues a veces había niebla, y parecía intentar separarnos.

‒ ¿Estaremos bien? ¿Por qué no podemos volver a nuestros cuerpos?

‒ No lo sé, Dai, pero algo debemos hacer.

‒ ¡Aquí están! ‒ Sonó un grito a la distancia.

‒ Tengo miedo Thom. ¿Y si morimos aquí como si estuviéramos usando el Ensoñador?

‒ No lo permitiré, Dai. ‒

Mis palabras eran vacías. Yo no sabía qué hacer. Nunca me había enfrentado a algo tan terrible como estar alejado de mi cuerpo.

Un rugido interrumpió mis pensamientos. ¿Un rugido? ¿Y ahora qué?

‒ ¡Thom!

‒ Lo sé. No sé qué hacer. ‒ Me detuve y me acerqué mucho a Dai.

Escuchamos movimientos rápidos a ras del suelo fangoso y los arbustos. Había movimiento pero no lo veíamos, me sentí como acechado por un veloz tiburón, o una pantera.

¡ZAS!

Una sombra exageradamente ágil atravesó entre ambos y nos separó. Por un momento el silencio se hizo más espeso que la misma neblina y Dai me miró aterrorizada.

‒ ¡THOM!

‒ ¿Qué? ‒ Una gota corrió por mi mejilla. Me la sequé con la mano, descubriendo así que era sangre lo que corría por mi rostro. El dolor comenzó a llegar por oleadas, había recibido un corte en mi mejilla. El miedo comenzó a alimentar mi mente.

¿Qué eran?

¿Qué querían?

¿Cuántos eran?

‒ ¡Thom! ¡Abajo! ‒ Me agaché como pude y rápidamente un golpe de Dai desvió el ataque de la criatura y la arrojó contra el fango cercano, dejando ver por primera vez la figura de la sombra que nos acechó desde que cruzamos el portal.

‒ ¿Qué es eso? ‒

La sombra no tenía una forma específica pero sí se le notaban cuatro extremidades irregulares que iban y venían en una ondulación de su oscuridad misma. No poseía un rostro notorio pero sí alumbraban dos rojas esperas como si de sus ojos se tratara.

‒ ¡Hay más! ‒ Escuchamos atentamente los arbustos luego de que la criatura se parara rápidamente y se perdiera entre ellos. Eran unos tres, tal vez cuatro.

Se movían lentamente entre la espesura del bosque y la neblina, dejando pisadas encharcadas que mis oídos no podían identificar de dónde venían. El cansancio empezó a notarse más y más, pero no sentía que regresara de ninguna forma a mi cuerpo, solo estaba allí, agotado por la larga noche lejos de Terra, con una herida en la mejilla.

‒ ¡Ahí! ‒ Señalé de donde creí que iban a saltar, pero nunca salió la criatura. Las pisadas se acercaban más y más pero no salían del matorral.

‒ ¡Ahí! ‒ Gritó Dai, señalando un lugar diferente esta vez. Las criaturas salieron de donde menos pensamos y pasaron nuevamente entre nosotros, dejándonos un par de rasguños.

D.G.S.A.: La Guardia de los Sueños (Completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora