Capítulo 13 ‒ La Fachada

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Mismo sábado

--- Thomas ---

Abrí los ojos. Un dulce aroma me hizo levantar. Eso y el hambre...

¿Hambre? ¿No se suponía que estaba soñando? No sabía que podía sentir hambre mientras soñaba.

‒ ¿Estás bien? ‒ Lila me ayudó a sentar.

‒ Eso creo.

‒ ¿Qué nos ha sucedido? ‒ Preguntó Lucy.

‒ Al parecer era un portal. Como el que usamos para entrar y salir del mundo hacia los sueños.

‒ ¿Y dónde se supone que estamos?

‒ No lo sé. ¿Y Daisy?

‒ Aún no despierta.

‒ Ha sido una noche pesada para ella. ‒

Daisy abrió un poco los ojos y se trató de sentar, desvaneciéndose de inmediato.

‒ ¿Qué me pasa?

‒ Descansa novata, es mucha la energía que has consumido.

‒ ¿Dónde estamos?

‒ Ninguno lo sabe...

Nos pusimos en pie y divisamos un poco el lugar. Era un hermoso pastizal, lleno de flores y un aroma a tranquilidad; A lo lejos había cultivos de trigo, y una algodonera. Pero lo que más llamaba la atención, era una nube que parecía bajar desde los cielos y tocar suavemente la tierra.

‒ ¿Y eso?

‒ No lo sé. Pero se ve divertido, ¿Vamos? ‒ Daisy curioseaba el entorno y se animó a ir.

‒ ¿Divertido? Nuestra vida está en peligro...

‒ Ay Lucy, cálmate y relájate. No creo que un poco de aire fresco haya matado a alguien.

‒ Lila tiene razón. Además esas nubes se ven interesantes. ¿Vamos a ver qué hay?

‒ Yo los sigo. Solo porque no puedo perderlos de vista, quién sabe en qué problema se metan... ‒

Con Lucy a regañadientes, caminamos hacia la nube que tocaba la tierra y descubrimos que era una suerte de escalera, una muy suave por cierto.

Decidimos subir. Caminamos y caminamos, pero extrañamente no nos agotamos más, sino que mantuvimos el ritmo.

Cuando llegamos arriba, vimos un extraño manto nuboso que cubría las mismas nubes.

‒ ¡Yo no me voy a parar en eso!

‒ Qué, ¿Te asusta caer? ‒ Daisy se arrojó sobre la nube, y rebotó de inmediato como si fuera un colchón.

‒ ¡Se ve divertido! ‒ Lila también saltó.

Caminamos a través del manto, que de vez en cuando dejaba ver algunos estanques con agua cristalina e incluso uno que otro animal, como conejos y ardillas. Incluso había algo de tierra y árboles. La luz de un extraño sol se difuminaba en suaves capas de azul, violeta, amarillo y rojo, que se deshacían entre las nubes, haciéndolas parecer algodón suave.

‒ ¿Será el paraíso? ‒ Preguntó Daisy.

‒ ¿Será el cielo? ‒ Contestó Lila con una pregunta.

‒ ¿Estaremos muertos? ‒ Rompió Lucy con el momento.

‒ ¿No puedes relajarte por un momento?

‒ Estoy caminando en nubes semisólidas en medio de un lugar que parece un paraíso pintado por Miguel Ángel. ¿Cómo me voy a tranquilizar si todas las alegorías del cielo son más o menos así?

D.G.S.A.: La Guardia de los Sueños (Completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora