Grecia parecía una adolescente común, pero nada podría estar más lejos de la realidad. Entre agresiones que la marcan, secretos que la persiguen y el frío distante de su propia familia, su último año de instituto se convierte en un torbellino de emo...
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Acostumbrarme a la soledad no fue lo mejor que me pasó. Empecé a quererla, a necesitarla, porque un día me apartaron de todo. Me hicieron sentir que no encajaba, que era un cero a la izquierda.
Sé que desde entonces no soy la misma.
Amo la soledad y sé que siempre la amaré. Fue mi mejor amiga en los momentos difíciles, en esos días en los que ya no podía más. Ella estuvo ahí para mí: con su silencio rotundo, con la oscuridad expectante, con esa luz cegadora que, de alguna manera extraña, me hacía sentir en casa.
Estar con alguien y, al mismo tiempo, con nadie... era lo que más me gustaba.
Pero entendí que algo no estaba bien cuando perdí la emoción. Cuando comencé a actuar de maneras que no reconocía en mí. Cuando, sin pensarlo demasiado, me alejé de todos y me quedé solo con ella.
Y sin darme cuenta, aquello que me había salvado empezó a empujarme hacia un pozo del que no sabía si podría volver a salir.