10. Día extraño

266 29 16
                                        

Pasaron algunas semanas

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Pasaron algunas semanas.

Semanas extrañas.

El instituto estaba... tranquilo. O al menos eso parecía. Ya no me gritaban cosas por los pasillos. Los murmullos bajaron de volumen. Los empujones dejaron de ser tan evidentes. No habían desaparecido del todo, pero ya no era un espectáculo diario.

Y eso me inquietaba más que los insultos.

Porque personas como ellos no se cansan. No se arrepienten. No despiertan un día iluminados por la culpa. Las personas crueles no se transforman de la nada.

Algo estaba pasando.

Prefería pensar que simplemente se habían aburrido. Que había dejado de ser interesante. Que mi existencia ya no era rentable para su entretenimiento.

Ojalá fuera eso.

Iba camino a matemáticas cuando alguien chocó conmigo. El impacto fue leve, pero suficiente para que mi corazón se disparara.

Alexandra.

La reina del instituto. La influencer, la que siempre tenía el celular en la mano y una sonrisa perfectamente calculada. La que sabía exactamente dónde pararse para que la luz la favoreciera.

En mi cabeza solo hubo una frase:

"Carajo, acá viene algo."

Me preparé para el golpe, literal o verbal. Pero lo único que recibí fue una sonrisa.

—¿Estás bien?

Tardé un segundo en procesarlo.

—Sí... —respondí, todavía en guardia.

Me sostuvo la mirada más de lo normal. No había burla evidente. No había ese brillo cruel en los ojos que tantas veces vi.

Solo... una sonrisa.

Me levanté del suelo y seguí caminando, sintiendo la espalda tensa, esperando que en cualquier momento escuchara risas detrás de mí.

Pero no pasó nada.

Las horas transcurrieron lentas, como siempre. Cuando finalmente salí del instituto, el alivio fue automático. Llegué a casa y Reb vino corriendo a recibirme, moviendo la cola como si yo fuera la mejor persona del mundo. Me agaché para abrazarlo.

—Al menos tú no me odias, ¿no?

Reb no juzga. Reb solo quiere cariño y comida. A veces pienso que los perros son más humanos que las personas.

Me lavé los dientes, me bañé y me quedé unos treinta minutos bajo el agua, pensando en lo raro que se estaba volviendo todo. El silencio en el instituto no era paz. Era espera.

Esa noche me acosté temprano. Al día siguiente tendría tres horas seguidas de historia y dos de matemáticas. Una combinación perfecta para querer desaparecer.

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora