14. Miércoles 20

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Hoy simplemente estaba bien

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Hoy simplemente estaba bien.

Y eso ya era raro.

Caminaba hacia el parque como si el mundo, por una vez, no estuviera conspirando en mi contra. El aire era suave, los pájaros discutían entre las ramas y el cielo tenía ese azul limpio que parece recién estrenado. Me gustaban las cosas pequeñas: la forma en que la luz atravesaba las hojas, el sonido de mis pasos sobre la grava, el olor leve a tierra húmeda. Eran detalles mínimos, casi insignificantes, pero lograban algo que pocas cosas conseguían: calmar el huracán que siempre llevaba dentro.

Me senté en una banca y abrí Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Siempre volvía a ese libro cuando necesitaba sentir que el mundo, a pesar de todo, tenía magia. Admiraba profundamente a J. K. Rowling. No solo por cómo escribía, sino por haber sobrevivido a sus propias sombras. Me gustaba pensar que si ella pudo escribir luz desde la oscuridad, quizá yo también podría sobrevivir a la mía.

Pasé horas ahí. Leyendo. Respirando. Siendo apenas una chica más en un parque cualquiera.

Cuando volví a casa, me duché y me acosté sin cenar. No tenía hambre. O tal vez sí, pero no era de comida.

Al día siguiente me levanté tarde y terminé el trabajo que el profesor Richard había pedido. Cinco hojas. Argumentos. Definiciones. Y al final, la pregunta: ¿por qué elegí este tema?

Había investigado sobre el derecho a la vida.

Me quedé mirando la hoja durante varios minutos antes de escribir la respuesta. Porque la verdad era demasiado cruda para ponerla así sin más: elegí ese tema porque necesitaba creer que la vida vale incluso cuando te hacen sentir que no.

Escribí algo más académico. Más correcto.

Pero la realidad era otra.

Porque cuando alguien te humilla lo suficiente, cuando te empujan lo suficiente, cuando te convierten en un chiste recurrente... empiezas a preguntarte cuánto vale realmente tu existencia.

El jueves llegó.

Un jueves que quedó grabado.

Estaba en casa jugando un juego de preguntas cuando apareció: ¿Qué hay después de la muerte?

Me quedé mirando esa frase como si me estuviera mirando a mí.

Pensé que después de la muerte no hay nada. Y luego me pregunté qué es la nada. Y si la nada duele. Y si la nada es silencio o es simplemente dejar de sentir.

Pensé en la gente que cree en el paraíso. Pensé en la culpa. En el pecado. En las reglas invisibles que otros escriben para decidir quién merece qué.

Y sobre todo pensé que nadie vuelve para contar lo que hay del otro lado.

Miré la hora y salí hacia el instituto.

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora