11. ¿Qué sentir?

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Día de la dichosa fiesta

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Día de la dichosa fiesta.

No sabía por qué iba. Tampoco sabía por qué no faltaba. Era como si mi cuerpo estuviera tomando decisiones que mi mente no alcanzaba a entender. No era emoción. No era ilusión. Era algo más raro... una especie de impulso silencioso, como si necesitara comprobar algo.

Me puse un top negro con encaje. El short bordo que Dereck me había regalado hacía tiempo y que nunca me había animado a usar. Cuando me miré al espejo, me sorprendí.

Estaba linda.

No "aceptable". No "disimulada". Linda.

Mi maquillaje era suave, casi invisible. El pelo caía bien. Por un segundo me permití pensar que quizás esa noche podía ser diferente. Que tal vez exageré todo en mi cabeza. Que tal vez la gente cambia.

Tomé el bolso y salí.

La música no sonaba alegre. Retumbaba.

No eran risas, eran gritos superpuestos, voces rotas por el alcohol. La casa parecía respirar de forma irregular, como si estuviera viva. Las luces parpadeaban desde las ventanas, proyectando sombras que se movían en las paredes exteriores.

Desde afuera ya se sentía mal.

No era una fiesta.

Era una jaula llena.

Me quedé frente a la puerta. El aire tenía olor a alcohol derramado y algo más... algo agrio. Algo que me revolvió el estómago.

¿Entro o no entro?

Mi intuición gritaba que no.

Mi orgullo decía que sí.

Entré.

El interior era peor. El suelo pegajoso bajo mis zapatillas. Cuerpos chocando sin mirarse. Miradas que se deslizaban demasiado lento sobre la piel ajena. No había alegría genuina allí. Solo exceso. Ruido. Descontrol.

Y yo, en medio de todo eso, demasiado consciente.

Me quedé en una esquina. Intentando parecer invisible. Treinta minutos que se sintieron como horas. Nadie me hablaba. Nadie me miraba... o al menos eso quería creer.

Entonces las vi.

Alexandra y su grupo caminando hacia mí con esa sonrisa que ahora entendía mejor. No era amabilidad. Era anticipación.

—No esperábamos que vinieras —dijo riéndose.

—Ustedes me invitaron...

—Sí. Pero... ¿quién es tan estúpido como para venir a una fiesta organizada por las personas que te arruinaron la vida?

Rieron.

El sonido fue seco. Coordinado.

No supe qué responder. Mi mente empezó a buscar una salida lógica, una explicación alternativa. Tal vez era una broma incómoda. Tal vez estaban jugando.

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora