7. Sr. Thompson

335 34 10
                                        

Hoy era 16 de agosto

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Hoy era 16 de agosto. Dereck habría cumplido veintiún años.

El día estaba tormentoso, el cielo gris y pesado, como si la ciudad también supiera qué fecha era. Siempre me parecieron absurdas esas coincidencias, pero esa mañana el clima combinaba demasiado conmigo como para ignorarlo. Estaba triste. No de esa tristeza pasajera que se disimula con distracciones, sino de la que se instala en el pecho y se queda ahí, respirando contigo.

Me vestí con una remera que él me había regalado para mis quince. Decía "I love you babe" y, debajo, había firmado su nombre con marcador negro. Con el tiempo la tinta se había ido desgastando un poco, pero todavía podía distinguir cada trazo. La usaba casi todas las noches para dormir; era una manera infantil de sentir que él seguía cerca, como si la tela pudiera guardar algo de su presencia.

Estaba por salir cuando escuché la voz de mi madre detrás de mí.

—Ten... a él le gustaban.

Me di vuelta. Olivia sostenía unos girasoles. No me miraba directamente, pero en su gesto había algo suave, algo que casi parecía una disculpa por no saber acompañarme mejor. Me los entregó y se fue con una media sonrisa triste.

Ella lo quería, lo sé. Siempre recuerda su cumpleaños. Y aunque nunca me culpó abiertamente por lo que pasó, hay silencios que pesan más que cualquier acusación. Mi madre siempre fue así conmigo: distante, a veces amable, pero la mayoría del tiempo demasiado fría. No sé si es su manera de protegerse o si simplemente nunca supo quererme de otra forma.

Salí de casa.

El cementerio quedaba a treinta minutos caminando. No tenía fuerzas para hacerlo a pie, así que fui hasta la parada del bus. Me subí casi en automático, mirando la ciudad por la ventana sin verla realmente. Todo parecía normal, ajeno a mi pequeño derrumbe anual.

Cuando llegué, el aire estaba más frío de lo que esperaba.

Nunca me gustó ese lugar. Demasiado silencio, demasiado orden para tanto dolor acumulado. Pero necesitaba hablarle. Siempre escuché decir que, si les hablas a los muertos, de alguna manera te oyen. Otros dicen que si les lloras no pueden descansar. Nunca supe cuál versión creer; yo solo sabía que necesitaba decir su nombre en voz alta.

Seguí el camino de tierra hasta el fondo y doblé a la izquierda, hacia el árbol grande que estaba apartado del resto. Su padre quiso que lo enterraran allí, al pie del tronco, porque decía que a Dereck le gustaba sentarse bajo ese árbol en verano.

Cuando vi la lápida, algo dentro de mí cedió.

Las lágrimas empezaron antes de que pudiera detenerlas. Me dolía su ausencia de una forma casi física. No escuchar su risa. No oír sus quejas exageradas por cualquier tontería. No tener a quién enviarle un mensaje cuando algo me pasaba.

Dejé los girasoles junto a la piedra y me senté frente a ella, pasando los dedos por su nombre como si pudiera tocarlo a través de la fría superficie.

—¿Sabes? Estos girasoles te los manda mamá... Nunca fue tan atenta con nadie, así que siéntete especial.

Intenté reír, pero la voz se me quebró.

—Te extraño. Todavía me duele respirar cuando pienso en ti. Y ¿cómo no hacerlo? Si eras mi mejor amigo... mi hermano. Hacíamos todo juntos. No sabes cuánto daría por tenerte otra vez conmigo.

El viento movía las hojas del árbol, y por un segundo quise convencerme de que era una respuesta.

—Mi vida es un infierno —continué en un susurro—. Me molestan, me hacen odiarme un poco más cada día. No pude volver a tu casa... lo siento. Quería, pero no podía. Tu papá me recordaría a ti... y a ese día. Si yo no hubiera insistido... si nos hubiéramos quedado en tu casa como siempre...

La culpa me cerró la garganta. No pude seguir.

Fue entonces cuando escuché mi nombre.

—Grecia...

Giré lentamente. El señor Thompson estaba detrás de mí. No supe cuánto había oído, pero por su expresión entendí que lo suficiente.

—Señor Th... Thompson...

No dijo nada. Solo me abrazó.

Y no sabía cuánto necesitaba ese abrazo hasta que lo sentí. Era de esos que no buscan consolar con palabras, sino sostenerte cuando estás a punto de romperte. Los dos llorábamos en silencio, unidos por la misma ausencia.

Cuando nos separamos, me sentía pequeña, torpe.

—Yo... perdón —murmuré.

—No tienes que decir nada —respondió con suavidad—. Sé que te dolía venir. Mañana pasa por casa, ¿sí? Me gustaría que habláramos un poco. Además... tengo algo que quiero darte. Creo que podría ayudarte.

Asentí, incapaz de negarme.

—Mañana a las tres.

Después se quedó mirando la tumba de su hijo con una tristeza que no tenía fondo. Entendí que necesitaba estar solo y me fui en silencio.

Cuando regresé a casa eran casi las ocho. Había pasado el día entero fuera, pero el tiempo no significaba nada.

Me duché, me cepillé el cabello, intenté ordenar mis pensamientos sin éxito. Luego abrí la laptop y me puse a escribir. Reb me observaba desde la cama; cuando lo acaricié, se acomodó y se quedó dormido a los pocos minutos. Envidié esa facilidad para descansar.

Escribí y borré varias veces hasta que finalmente dejé algo que dolía menos leer.

Grecia...

Sé fuerte, te dicen, sin saber siquiera qué sucede dentro de tu cabeza.

Se ríen. Tú también te reías antes, ¿recuerdas? Cuando te caíste en el lodo y te raspaste las rodillas. Eso era dolor, pensabas entonces. No sabías que el verdadero dolor no deja marcas visibles.

Ahora lloras por las noches y te lastimas con pensamientos que nadie escucha.

Dices que es una mala racha. Que todo va a mejorar. Les das otra oportunidad... y otra más. A veces eres tan buena que roza lo ingenuo. Tan fuerte que parece mentira. Tan frágil que asusta.

La vida te golpea y te levantas, porque siempre te enseñaron que las pruebas se superan. Pero hay cosas que no son pruebas. Son pérdidas. Son huecos que no se rellenan.

Tal vez haya una salida y simplemente no la vemos. Tal vez el final no sea tan oscuro como lo imaginas.

Por ahora, intenta quedarte con lo que todavía vale la pena.

Intenta ser un poco feliz.

Aunque duela.

Si les está gustando la historia no olviden

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Si les está gustando la historia no olviden

V o t a r y c o m e n t a r ✨

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora