1. Así comenzó todo

1K 97 7
                                        

Me encontraba un poco agotada por el clima

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Me encontraba un poco agotada por el clima. Era un día caluroso.

Amo el verano. Amo los días en los que el sol ilumina todo y el aire tibio acaricia mi rostro cuando salgo afuera. Creo que los días así se disfrutan más; puedes salir y sentir que la vida está ahí, esperándote.

Cosas muy cotidianas que yo casi no hago.

Estar en casa es mi mejor plan. Quedarme sola, no hacer nada a menos que el instituto lo exija. Antes solía salir más, pero ya no. No tengo la energía... y quizá tampoco las ganas. Ahora me quedo con mi perro, en casa, observando un día encantador como el de hoy a través de la ventana.

Muchas veces me lo replanteo.

¿De verdad no tengo ganas de nada?

¿Será que ya no volveré a disfrutar las pequeñas cosas como antes?

¿Cambiará todo esto algún día?

Quién sabe. Todo puede pasar.

La mayoría del tiempo intento ser positiva, pero nunca lo logro del todo. Siempre hay algo —por mínimo que sea— que termina arruinándome el día.

Mi madre suele encabezar esa lista.

Describirla es fácil, porque casi siempre es lo mismo lo que me hiere: su negatividad, sus comentarios, su manera de hacerme sentir pequeña.

Los culpables de mi negatividad podrían resumirse así:

— Mamá y su sinfín de insultos hacia mí.

— El instituto y las tareas que no termino porque me siento incapaz.

— Yo. Y mi atroz forma de pensar sobre mí misma.

Pero la peor de todas siempre será esta:

— Mi pasado.

Intento esquivarlo como cuando te cruzas con alguien que no quieres ver, pero aun así debes saludar con una sonrisa fingida. A veces logro escapar con alguna distracción. Otras veces simplemente me voy a dormir, imaginando cosas que nunca sucederán.

Pero ¿a quién intento engañar?

Por más que quiera arrancarlo de mi vida, mi pasado no se irá. Es como un parásito: algo que se adhiere a ti, que te consume lentamente, que te hiere sin descanso.

Así es mi vida.

Algunos días brillo como el sol de verano. Otros soy un huracán que arrasa con todo, incluso conmigo misma.

Por cierto, soy Grecia y vivo en algún lugar de Latinoamérica. Sí, un nombre poco común por aquí. Supongo que mis padres querían originalidad... o tal vez querían que me hicieran bullying. No lo sé.

Tengo 18 años y estudio en el instituto más prestigioso de la zona. No, no soy millonaria. Solo tengo una buena posición económica. Bueno... mis padres la tienen.

Estoy cursando sexto año. Soy reservada. Me encanta leer. Me encanta estar sola. Y, al parecer, también soy experta en sentirme mal conmigo misma. ¿Eso cuenta como talento?

No sé por qué estoy escribiendo esto en este supuesto "diario" —si es que al block de notas de mi celular se le puede llamar así—. Además, detesto releer mis palabras y escuchar esa voz interna repitiéndolas.

Aunque nada es tan irritante como los gritos de Alexandra.

Alexandra... toda una damisela.

Es una perra. No hay otra palabra que la describa mejor. Me odia desde siempre. En realidad, odia a todos. Nunca me humilló directamente, pero siempre está observando. Espera el mínimo error para atacar. Es como un buitre, ella y su séquito de descerebradas.

No les presto atención. O al menos eso intento. Pero nunca bajo la guardia. Con un solo movimiento en falso, mi vida podría convertirse en un infierno si ella así lo quisiera.

Agradezco que todavía no haya sucedido.

Los chicos del instituto se dividen en categorías bastante claras. Están los futbolistas, casi siempre cerca de Alexandra. Viven en su propio mundo de entrenamientos y fiestas exclusivas —porque, curiosamente, solo asisten a fiestas organizadas por ellos mismos—.

Luego están los del equipo de básquet, expertos en hacer bullying a cualquiera que consideren "diferente". Lo irónico es que nuestra prestigiosa institución promueve el respeto, la educación y el amor al prójimo. Claro, eso se lo pasan por donde no les da el sol.

El dinero cubre muchas cosas.

Como pueden notar, esta soy yo. Y estos son mis patéticos —y a veces odiosos— compañeros.

Espero que sigan ahí.

Mi vida es un huracán. Y no exagero.

¿Están listos para entrar en ella?

Contar lo que más me aterra no será fácil. Pero supongo que si ya llegué hasta aquí, puedo continuar.

Me desvié otra vez.

¿En qué estaba? Ah, sí.

Esta es mi historia. O al menos una parte de ella.

Será intensa. Será dramática. Y probablemente un desastre.

Pero es mía.

Y allá vamos.

Si les está gustando la historia no olviden

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Si les está gustando la historia no olviden

V o t a r  y  c o m e n t a r ✨

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora