Grecia parecía una adolescente común, pero nada podría estar más lejos de la realidad. Entre agresiones que la marcan, secretos que la persiguen y el frío distante de su propia familia, su último año de instituto se convierte en un torbellino de emo...
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Después de tanto tiempo, acá estoy nuevamente.
Estoy agotada. Agotada de las materias, de los problemas en casa, de sostener una sonrisa que no siento. A veces simplemente no puedo con todo eso... y mucho menos con escribir.
Hoy decidí hacerlo porque es domingo y, como pueden imaginar, no tengo internet ni nada que me distraiga. Así que aquí estoy. Con mis pensamientos. Otra vez.
Es uno de esos días en los que el pasado pesa más de lo normal. Siento que el universo me odia. Sé que suena dramático, pero a veces de verdad lo creo. No he conocido a alguien más desgraciada que yo.
El instituto se ha vuelto un infierno.
No tengo a nadie en el salón con quien hablar. Cuando hay trabajos grupales, los hago sola. Nadie se acerca. Nadie me incluye. Al principio intenté convencerme de que no necesitaba amigos para terminar el año, que podía sola.
Pero no es verdad.
Entrar al aula y ver a todos conversando mientras tú ocupas un asiento vacío, sintiendo que sobras... duele. Que se burlen cuando respondes algo mal. Que susurren entre ellos y luego te miren con esa mezcla de asco y curiosidad morbosa.
Es horrible.
Y sí, antes el problema era yo. Mi cabeza. Mi forma de pensar.
Hasta que alguien decidió inventar algo.
O peor, hasta que alguien decidió distorsionar lo que pasó.
Ahora soy la "buscadora de problemas". La conflictiva.
Y, según algunos, hasta asesina.
Escribo esa palabra y todavía me cuesta creerlo.
Escuchar ese rumor fue como sentir que me arrancaban el poco aire que me quedaba. No saben lo que dolió. No saben lo que es oír tu nombre acompañado de algo tan monstruoso.
Los profesores me miran distinto. Algunos con lástima. Otros con una desaprobación silenciosa. Como si yo fuera un caso perdido que nadie quiere tocar demasiado.
En casa no mejora.
Sigo siendo la que estorba. La exagerada. La que "siempre tiene un problema". La oveja negra.
—Deja el drama, Grecia.
—No es para tanto.
—Algo habrás hecho.
Esas frases ya me las sé de memoria.
A veces me pregunto cómo pueden ser tan crueles las personas. No saben ni la mitad de lo que dicen saber. No saben lo que sufrí. No saben lo que es estar en depresión y querer terminar con todo. No saben lo que es repetir durante días que no fue tu culpa, que fue un accidente, que simplemente pasó.
No saben nada.
🌪
Ha pasado más de un mes y todo está peor.
Mis amigas se alejaron. Dijeron que ya casi no nos veíamos, que así no se puede mantener una amistad. Excusas.
Yo sé la verdad.
No quieren que las arrastren conmigo. No quieren que las llamen amigas de la "antisocial asesina".
Sí. Ese es mi nuevo apodo.
A veces me dan ganas de gritar. De contar lo que realmente pasó. De explicar que no es como ellos creen. Pero sé que no serviría de nada. Harían del intento otra historia peor. Otra versión más cruel.
Así que solo me queda aguantar.
Faltan cinco meses para que termine el año. Cinco meses parecen una eternidad cuando cada día pesa el doble.
Intenté hablar con mis padres. Les pedí que me cambiaran de instituto.
Se rieron.
—No es para tanto.
—Deja el drama.
—Seguro tú provocaste algo.
Eso fue suficiente para callarme.
Descarté la idea de acudir a la directora o a algún profesor. Si en mi casa minimizan todo, ¿por qué afuera sería diferente? Solo usarían palabras más elegantes para decir lo mismo.
Y lo más irónico es esto:
Hace unos meses yo corría por la calle porque llegaba tarde. Le escribía a Aldana riéndome. Mi mayor problema era mi autoestima.
Ahora entro al aula y siento miedo.
Antes hablaba con dos compañeras. Hoy me miran como si yo fuera peligrosa.
Todo cambia.
Nada es seguro.
A veces pienso que quizá mañana empiecen a golpearme. O quizá inventen algo peor.
Qué irónico.
Mi vida pasó de ser un caos interno... a convertirse en un espectáculo público.
Y lo peor es que nadie me preguntó mi versión
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