20. Se acabó

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La clase de ciencias terminó siendo, contra todo pronóstico, la mejor del año

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La clase de ciencias terminó siendo, contra todo pronóstico, la mejor del año.

Me tocó trabajar con uno de los típicos populares. Alto, sonrisa fácil, de esos que siempre están rodeados de gente y risas demasiado fuertes. Cuando el profesor dijo su nombre junto al mío, escuché un pequeño murmullo en el fondo del laboratorio.

Yo también lo escuché dentro de mi cabeza.

Cuidado.

No todos los chicos son como Patrick.

Respiré hondo y me obligué a concentrarme en el experimento.

Al principio trabajamos en silencio. Él seguía las instrucciones con más atención de la que esperaba. No era tan idiota como aparentaba en los pasillos.

—¿Está bien así? —preguntó inclinándose un poco hacia mí.

Por un segundo, su cercanía me tensó. Mi cuerpo reaccionaba antes que mi mente. Esa alerta constante que nunca se iba del todo.

Pero solo estaba señalando el matraz.

Nada más.

—Sí... espera —me acerqué para observar mejor—. Creo que ya está listo.

El olor comenzó a subir lentamente.

Y entonces dije lo que no debía.

—Huélalo así nos aseguramos que tenga el olor correcto... pero hazlo con ganas, ¿sí?

Él me miró dudando apenas un segundo.

—¿Con ganas?

—Con ganas.

Se inclinó demasiado.

Demasiado.

En cuestión de segundos, sus ojos se desorientaron y cayó hacia atrás con un estruendo que hizo vibrar las mesas.

Un silencio sepulcral invadió el laboratorio.

Luego gritos.

El profesor corriendo.

Yo con la mano sobre la boca intentando no reírme.

Minutos después, cuando todo estuvo bajo control y él ya estaba sentado, algo pálido pero consciente, me miró.

—Grecia...

Oh no.

Ahí venía el enojo. La acusación. El "estás loca".

—Hola —dije intentando mantener la compostura—. ¿Ya despertaste?

Él parpadeó.

—A eso venía...

Me preparé.

—Fue increíble. No sé cómo caí. —Se rió apenas—. Espero seguir haciendo trabajos contigo. Me agradas.

Huracán adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora