Capítulo 25

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Subí el cierre de aquel vestido ajustado que había elegido

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Subí el cierre de aquel vestido ajustado que había elegido.

Presté atención a mi reflejo, preguntándome si tal vez estaba exagerando en arreglarme, o si era adecuada la vestimenta que había elegido.

"A la mierda", pensé.

Deslicé mis manos a lo largo de mi cabello, acomodando este de cierta forma que resaltara junto con el resto de mi look. Me coloqué unos tacones, no muy altos, y cómodos.

Terminé mi copa de vino blanco que tomaba para relajarme después de un día largo, y dejé la delicada copa de cristal sobre mi tocador.

Tomé mi cartera y miré el reloj.

Apenas y llegaría a tiempo a aquella cita en el bar de la ciudad donde había quedado con Ross. Me di prisa, y tomé un abrigo antes de salir de casa.

Crucé la calle atrapando las miradas de algunas personas, quienes notaban lo rápido que caminaba, incluso empujando a varias personas para alcanzar un bendito taxi.

Por fin uno de esos vehículos se detuvo frente a mis ojos y subí, rápidamente.

El camino no fue muy largo, a excepción por todos los semáforos en rojo donde nos habíamos detenido un par de minutos, había llegado a mi destino sin dificultad o retraso alguno.

Pagué al conductor del taxi y bajé, con cuidado.

Acomodé mi vestido, asegurándome de que este no se hubiera levantado y dejado nada al descubierto.

Había varias personas alrededor de la entrada de aquel bonito bar, probablemente platicando mientras esperaban al resto de sus acompañantes, fumando un cigarrillo, o simplemente tomando aire mientras disfrutaban de la noche.

Entré finalmente, buscando con la mirada a aquel castaño. 

Noté que aún no llegaba, lo cual me preocupó, pensando que tal vez Lynch se había arrepentido de último momento, y habría decidido no venir.

Me senté a la barra, dando algunos minutos más para esperar a que Ross apareciera.

Y cuando lo hizo, finalmente comprendí como es que había sido la debilidad de Emma por mucho tiempo, y como es que lograba llamar la atención y atraer miradas de todos, en especial de las mujeres.

Portaba un elegante pantalón de vestir, de tono gris, con una camisa negra, desabrochada un poco al inicio de los botones. Sus zapatos negros lucían impecables, sin señal alguna de suciedad o un raspón. 

Y su cabello estaba acomodado, aunque lucía un poco despeinado, pero en realidad, pensaba que ese toque de cabello alborotado, lo había provocado él mismo.

Me sonrió a lo lejos, y sonreí de vuelta.

Finalmente llegó hasta donde me encontraba y me saludó, dejando un beso en la mejilla, impregnando mi nariz y mis sentidos con el  delicioso aroma de la loción que llevaba.

AFTERGLOW // Ross LynchHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora