Capítulo 32

206 15 9
                                        

El timbre sonó mientras terminaba mi plato de frutas en pleno desayuno. Tomé mi taza de café entre manos y me levanté de aquella barra en mi cocina para atender al llamado en la puerta.

Abrí, encontrándome con aquel apuesto castaño de ojos avellana que últimamente se encontraba robándome algunos suspiros. Se recargó en la puerta al verme y sonrió, mostrándome sus perlas.

—Hola bonita, buenos días —me guiñó el ojo y lo dejé pasar. Cerré la puerta de nuevo y caminé detrás de él de vuelta a la cocina.

Mi cabeza se encontraba realmente confundida. Habían pasado un par de días desde aquella noche en que encontré la aterradora nota en su cartera. Y había intentado pensar en que cosas podría haber usado esos materiales, pero las respuestas a mi duda eran negativas en su mayoría.

Intentaba despejar mi mente y tratar de pensar en que se trataba de un malentendido.

—Hola, ¿quieres un café, desayunaste algo?

Ross negó con la cabeza y se recargó en la barra de la cocina, mirándome con atención y recargando su rostro sobre sus manos.

—Estoy bien, lo único que quiero es uno de esos besos tuyos que me encantan.

Sonreí y me acerqué a él, dejándole un corto y delicado beso en los labios. Me rodeo con sus brazos, juntando nuestros cuerpos en un lindo abrazo y acariciando mis mejillas.

—Quiero que vengas el fin de semana conmigo —fruncí el ceño ante tal proposición, confundida.

—¿Por? ¿A dónde piensas ir? —pregunté.

El castaño sonrió al notar las miles de dudas que surgieron en mi cabeza y rio.

—Me tomaré unos días de descanso en una casa a las afueras de la ciudad, pensaba que podrías acompañarme. Si dices que si, será perfecto. Eres todo lo que necesito para pasarla bien, Lena.

Mi mente se detuvo un instante, recordando que aquella casa de la que hablaba, yo ya la conocía desde hace meses. Esa casa que me había sembrado tantas dudas al ver a Ross llegar a ella con el maletero de su automóvil repleto de químicos y productos de limpieza. Esa casa a la que desde ese día, deseaba conocer.

—Claro, es un excelente plan de fin de semana —acepté, sonriendo.

Ross igualmente esbozó una sonrisa y volvió a besarme, esta vez con más pasión, provocando que las mariposas en mi estómago revolotearan de un lado a otro, haciéndose presentes.

Consentí tal acción y con suavidad, continué su beso. 

Me perdí en el sabor de sus labios y por un instante, un montón de imágenes sobre ambos me pasaron por la mente. Esos recuerdos de tantas veces que habíamos estado juntos, en la gira, en sesiones de estudio o simplemente haciéndonos compañía el uno al otro, me invadieron.

Y por un instante, me imaginé lo increíble que podría ser permanecer junto a él, siempre, o intentarlo por un par de meses. Me imaginé como sería estar así, de esa misma forma tan apasionada como ahora pasábamos los días juntos.

Me imaginé una relación con él. Cosa que claramente, nunca debí de haber hecho.

Me hundí entre mis pensamientos sin prestarle atención a lo demás, sin percatarme que aquel beso con Ross en la cocina había dado pie a otra cosa. Sin embargo, parecía que no me encontraba ahí. Mi mente estaba en otro lugar.

Las caricias desesperadas de Ross por debajo de mi blusa me hicieron reaccionar, y no tardé en mirarle algo asustada y confundida por lo que hacía.

AFTERGLOW // Ross LynchHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora