Scoops Ahoy, la mejor heladería de todo Hawkins, quizás no tanto por el helado, sino por el rumor de que Steve Harrington trabajaba ahí. Bueno, más que un rumor era un grito que todo el mundo había escuchado. Las chicas no tardaban mucho en llegar, sorprendiéndose ante el brusco cambio de carácter del popular chico.
Es por eso que Robin, la compañera de Harrington, se sorprendió cuando le vio vistiendo su traje de marinero con desgana. Se encontraban en la parte trasera de la heladería, Steve giraba la cuchara con la que servía helado entre sus dedos, dándole vueltas, moviéndola de adelante hacia atrás. Robin le miraba inquieta. Esperaban a que llegara algún cliente, a pesar de quedar 15 minutos para el cierre del local.
—Steve, ¿te importaría dejar de marear a tu cuchara? Me estás poniendo de los nervios.—Le replica Robin al ver su evidente nerviosismo.
Steve guardó la cuchara, solo para moderse una uña.
—¡Steve, basta! ¿Qué demonios te pasa?
—No lo sé. No. No me pasa. Estoy nervioso, eso es todo.—La chica del pelo rubio suspiró en aburrimiento. No era muy complicado poner nervioso a Steve. Se sentó a su lado sobre la mesa.
—¿Qué ocurre?—Dudó entre dar una respuesta real, o inventarla, pero solo era Robin de la clase de física y química. Nada podía ir mal.
—Es por mi novia.—Soltó al fin.—He discutido con ella. No sé si me he pasado y... No, no me he pasado yo, ¡se ha pasado él!—Gesticuló con las manos haciendo físico su crudo sentimiento sin percatarse de su error.
—¿Él?
—¿Qué?
—Has dicho: "no me he pasado yo, se ha pasado él".—Robin hizo una mueca con la cara como si lo que estaba diciendo fuese más que evidente, pero para él no lo era.
—No he dicho eso, he dicho ella. ¿Por qué diría él?
—No, ¡has dicho él!—Antes de que pudieran entrar en una discusión absurda acerca de si la pareja de Steve era hombre, mujer, o hermafrodita, el timbre que indicaba un nuevo cliente sonó. El marinero suspiró y se bajó de la mesa en la que estaban sentados Robin y él cruzando la puerta que separaba la habitación de los empleados de la heladería en sí. Salió limpiando su cuchara con un paño.
—Ahoy marinero... Perdona pero estamos apunto de cerrar el...—Levantó la cabeza, el aire faltaba. No se había percatado de a quién correspondía la presencia hasta que lo comprobró con sus ojos.
Billy estaba tras el mostrador mirando de arriba a abajo el conjunto de marinero que su novio portaba con una mueca de confusión. El moreno dio media vuelta y regresó a su posición anterior.
—¿Qué pasa ahora?—Preguntó la compañera heladera.
—¿Te he pedido alguna vez algo?
—¿Qué...? ¿N-No...? ¿Creo? No lo sé.
—Pues te lo pido ahora. Sal ahí fuera, atiende a ese chico, y dile que se marche.—Pidió Steve. Robin se acercó a la ventana corredera. La abrió, y la cerró rápidamente.
—¿Billy Hargrove?—Preguntó incrédula.—No, casi le ahoga en el retrete a Martin del grupo C. Paso.
Steve miró a Robin por última vez y comprendió que era una batalla perdida. Acomodó su gorro de marinero y salió con decisión de la trinchera. Una decisión que perdió fuerza con solo ver a Billy a los ojos. Le dolía, mucho.
—Estamos apunto de cerrar, abandone el establecimiento... Por favor.—Billy suspiró, acercándose con paso lento al mostrador. Lo hizo de tal forma que pareciese que le estaba prestando toda su atención a los helados.
—Quiero uno de... Chocolate.
—¿Qué quieres, Billy?—El moreno suspira desesperado sin entender de qué va el juego, pero las reglas de su trabajo le obligan a servir a cualquier cliente. Es por eso que agarra una tarrina de cristal, haciendo bolas de chocolate con su cuchara heladera. El rubio aprovecha el tiempo que requiere semejante ardua tarea para hablar.
—No sé qué hacer para que me perdones, pero necesito que sepas que necesito estar con alguien. Públicamente. Y tú no quieres.—Steve suspira apoyándose en el congelador de los helados mirando al suelo.
—No entiendo qué quieres decir.
—Que quiero estar contigo, pero necesito que el instituto crea que estoy con otra persona.—El heladero, impotente, pone la tarrina haciendo un ruido fuerte y desagradable contra el mostrador. Se gira para asegurarse de que Robin no está presenciando la escena. Entonces se quita el gorro, ya que con él puesto es algo difícil obtener un mínimo de credibilidad.
—¿Quieres estar con alguien? Bien, adelante. Entonces, ¿yo también puedo estar con alguien, cierto?—Steve conocía de cerca los celos de Billy, lo territorial que es, por eso dijo eso; porque sabía perfectamente cuál sería la reacción de su... ¿novio? Se quedó en silencio y metió la cuchara al helado, tomando un poco, aprovechando para pensar. Después la dejó donde estaba.
—Joder, lo de Taylor sucedió porque yo estaba borracho. Quiero estar contigo, no con nadie más. Esto es una gilipollez. La ventanilla a espaldas de Steve se abre, más bien, Robin la abre. Se asoma.
—Me estáis poniendo de los nervios. ¿Por que hacéis esto tan complicado? Por el amor de Dios, parece que os gusta jugar a juegos raros. ¿Todo bien en casa, chicos?—Explica apoyada en la ventana. Steve se frota el tabique de la nariz. Genial, Robin Buckley sabe todo.
—¿Quién coño eres tú?—Escupe Billy. Robin sonríe de oreja a oreja, molestando al de California.
—Fácil, la próxima novia de tu novio como no te pongas las pilas.
Bien, Robin ni con tres botellas de whisky saldría con Steve Harrington. Pero le quería dar un empujoncito a la relación. A pesar de nadie ser consciente de ello, Robin tenía cierta... Debilidad, por las relaciones de personas del mismo sexo. Steve se gira incrédulo con los brazos en altos y una mueca de desagradable sorpresa.
—¡Robin! ¡Vuelve ahí dentro!
—Vale, cariño.—Robin ríe y vuelve a deslizar la ventana. Cuando el moreno se gira a Billy, lo advierte mirando fijamente al lugar por el que la chica ha desaparecido.
—No me gusta para ti. Está loca.—Steve suspira y la vuelta al mostrador para llegar hasta Billy.
—Lo que has hecho es imperdonable.—Escupe.—Pero ese era uno de los riesgos que asumí al acceder a estar contigo, Billy Hargrove.
Sus miradas se cruzan. Steve está visiblemente destrozado. No era una infidelidad cualquiera, habían pasado por muchas cosas juntos, para que al final todo quedara en una noche borracho, con Taylor de segundo.
—¿Qué quieres decir?
—Vete. Hablaremos cuando salga. ¿De acuerdo Robin?—Dice a consciencia de que la susodicha estaba detrás de la persiana escuchando todo.
—Bien.—Dice Robin en una risa. Billy deja un billete sobre el mostrador para marcharse al parking sin decir una palabra.
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Chico Bonito | Harringrove
Hayran Kurgu¿Quién lo iba a decir? "El chico de carácter fuerte" necesitando un descanso para respirar. Prendí un cigarro, tras otro... Agité la cajetilla de Marlboro para descubrir el sonido hueco del último cigarro impactando en las paredes. Bostecé mientr...
