¡Castigame Lobito!

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MARATÓN #3 

NATALIA.

Les cuento que llegamos a su casa, todo el trayecto ninguno dijo nada de lo que sucedió momentos antes,  era mejor asi, ni por un minimo momento en mi cerebro se me llego a cruzar que Jason le propondría eso a Emiliano, y sobre todo que le haya hablado precisamente a él, es enfermo pensar que aceptaria un trío, en el contrato el especifica que no comparte, a mi tampoco me gustaria compartirlo a él, solo de pensarlo me pongo mal, sexo exclusivo quiero al menos de parte de el.

El carro se detiene, el baja y luego me abre la puerta.

—vamos venadita—camina detras de mi incitandome a seguir tocandome la espalda.

—¿estas molesto? —me paro en seco y me detengo.

—hablaremos en mi habitación—acotá.

—ok—musitó bajito.

Caminamos hasta subir las escaleras y dar con su habitación, el pasa adelante y abre la puerta.

—sientate en la cama—me ordena.

Camino hasta su cama y observo los detalles, sus sabanas son color crema, tiene cuadros muy eróticos, parejas teniendo relaciones sexuales con poses muy incomodas  pienso yo, o que incluso le ganan a un contorsionista.

—te gusta lo que ves—me pregunta mientras se retira la camisa.

—¿en serio se puede hacer eso?—le pregunto y señalo la foto donde se observa a una pareja, en la cual ella esta atada de los pies, esta boca abajo sostenida por dos cuerdas de colo rojo, el hombre cuelga de una tela blanca y justamente su cuerpo cae encima de ella, su pene queda justo  en la boca de ella y el tiene su vagina de la mujer a su disposición, se como un 69 pero flotando en el aire, se ven sumamente, erótico, exótico, y dificil.

—no tienes idea de lo que el cuerpo humano es capaz de realizar—comienza a hablar—podriamos intentarlo si quieres  —me invita—no te dire que es mi posición favorita, pero contigo lo haria.

—y..yo—digo nerviosa tartamudeando—me gustaria intentarlo —contesto muriendo me la pena y tapandome del rostro.

—no te tapes el rostro—me indica—me encanta verte sonrojada, y más si es por mi, pronto lo haremos, pero ahora intentaremos hacer algo más—levanta sus cejas coqueto provocandome.

El toma una silla y la coloca en medio del cuarto, se sienta y habla.

—Quiero verte bailar Venadita, quiero ver hasta donde eres capaz de seducirme, quiero que la pena se te quite, esa cara de ángel e inocencia conviertela en lújuria.

¡a la madre! no se bailar, y cuando lo hago parezco una gallina a la que le turcen la garganta.[[literal]] 

—Emiliano—hablo bajito—no se bailar, y cuando lo hago parezco un pez que sacan del agua.—[[que vergüenza]]

Noto que el intenta reir, pero no lo hace, carraspea la garganta y me indica como debo hacerlo.

—toda mujer sabe bailar, solo falta que se ella, que no tema a nada.

Levantate—me da la orden.

Me levanto e intento quitarme los tacones.

 —no, dejatelos,—dice rapidamente viendo mis intenciones de quitarmelos.

 simplemente quitate la ropa lentamente, despacio y sin prisa.

—ok—muevo la cabeza acertando.

¡virgen de los calzones! lo bueno me depile todita, y me puse una tanga roja, precisamente hoy puse una tanga, la tengo dentro mis nalgas invadiendo mi privacidad, paso el nudo que tengo en mi garganta por los nervios, y respiro [[tranquila tu puedes]] me doy animos,  camino hacia adelante de la cama, quedo  a una distancia prudente donde el pueda verme, observarme, pero no tocarme.

 Mi MaestroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora