23. Tocando el cielo.

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Había pasado a la florería por un ramo de rosas rojas para Jimin, mis horas en la oficina se habían extendido más de lo programado, sabía él podría estar esperándome un tanto inquieto.

La campaña de los diamantes había sido un éxito, pero no me sentía para nada bien, al contrario, me preocupaba mucho Tae. Se suponía que eso era lo que él más había deseado, debería estar disfrutando de su éxito, mas no era así. Estaba herido de una manera que él jamás había experimentado, la forma en que su voz se había quebrado en la llamada tratando de fingir estar bien, había sido el primer indicador de que algo dentro de él estába mal. Un escape del trabajo había dicho; sin embargo, yo sabía que habían más razones, unas que, aunque fueron simples, lo habían lastimado. Cuando le pregunté si todo estába bien con Hoseok, él no respondió, e incluso me colgó después de que le dijera que el dolor en el corazón es señal de que somos personas sensibles y que está bien a veces serlo.

Pero luego de platicar con Hoseok y saber que no habían hablado, me tenía lleno de dudas. Tae era fuerte y no entendía que pudo haber sucedido. Intenté marcarle a su teléfono mas este no conectaba, parecía que había cambiado el número, eso era tan extraño.

En la oficina, el trabajo había quedado repartido entre todos y con la ayuda de Keysi, yo iba a dar las órdenes desde mi casa, porque no tenía intensiones de abandonar a Jimin, él estaba por encima de todo.

Cerca de las seis de la tarde arribé, justo cuando la noche empezaba a caer dejando un rastro helado por su paso, un buen motivo que podría usar para sumergirme en una meditación tortuosa sobre lo poco que merecía las cosas buenas que me sucedían.

Sin embargo, este no era el caso, ya que la mayor parte del día me la había pasado sonriendo como un idiota al pensar en mis nuevas estrellitas, que crecían dentro del vientre del hombre al que amo.

Dos, dos personitas por las que haría lo que fuera con tal de que sean felices y que ya me hacían sentir esplendoroso al amarlas.

Entré al garaje estacionando el auto ahí cuando escuché que la puerta de la casa se abría seguida de unos pasos, esperé un poco y lo vi asomándose por un costado de la casa y aunque la noche estaba helada, él solo traía una de las poleras que yo le había regalado.

- Tardaste mucho.

Perfectamente podría acostumbrarme a esto, el parecía tranquilo pero su postura demasiado tensa me decía que él me había extrañado, o así lo quería pensar.

Abrí la puerta del copiloto y saqué un paquete de comida y el ramo de rosas para mí disculpa.

- Lo lamento.

Me acerqué a él despacio y le entregué las flores.

- Gracias están hermosas.

Su expresión cambió haciéndose dulce. Me acerque y toque su rostro, acariciando su mejilla suavemente, mirándolo con amor. Tenía ganas de decirle que yo también lo había extrañado.

- ¿Y Hoseok?

- Se acaba de ir, le habló su madre.

- Bien - acorté más nuestra distancia y besé su mejilla, él me sonrió como respuesta. - Vamos adentro, hace frío. Traje la cena - le mostré el paquete de fideos que había comprado.

Él dio la vuelta y ambos entramos a la estancia cálida. Quité mis zapatos en la entrada bajo su atenta mirada.

- Dos bebés. - escuché un murmullo.

- Necesitamos una casa más grande.

Él se empezó a reír.

- En serio eso es lo que piensas.

The Black Swan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora