Capitulo 28

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Nathan...

Todos los días te parecen iguales cuando estas pasando por momentos malos o todos te parecen buenos cuando estas  pasando por momentos buenos , pero la verdad es que nunca sabemos como serán los días siguientes a este, si estaremos bien o mal, siquiera si seguiremos con vida.

No sabemos los peligros de los que nos salvamos todos los días hasta que las cosas simplemente suceden.

- ¿Señor, Nathan? - me llamo mi nueva secretaria.

- Dígame - giro mi silla en su dirección, ya que estaba mirando por los ventanales antes de que mis pensamientos fueran interrumpidos.

- Lo llaman del hospital - fruncí el ceño descolgué el teléfono - podías haber tocado siquiera.

- golpee cinco veces la puerta y usted no abrió así que decidí entrar, disculpe - asentí y ella salió.

Puse el teléfono en mi oído.

- ¿Hola? 

- ¡NATHAN! - casi tiro el teléfono al escuchar el grito.

- No hay necesidad de gritar, ¿sabes? - le dije.

- No respondías y creí que habías muerto del susto - respondió ella.

- ¿que paso? - me levante.

- Elizabeth esta en el hospital, se la llevaron a la sala de partos, uno de los niños esta en riesgo...

- ¡¿QUE?! - agarre mi chaqueta, las llaves y salí - ¿por que no me habías llamado?

- ¡te llame mil veces! 

- eso no es...

- Señor, tiene dos reuniones pendientes para el día de hoy - interrumpe mi secretaria mientras camina a mi lado.

- pues las cancela o las aplaza - entre en el elevador y ella también.

- Es muy importante que estés aquí, ahora - dijo Jazmín.

- Usted me dijo que son muy importantes y solo hoy hay oportunidad, señor - siguió Angie.

- Ya mismo voy para allá - salí del elevador - Vale, pues tengo una urgencia, que Antonio se encargue.

- Antonio no se encuentra aquí, señor - pare en seco.

- ¡Pues lo llamas! - le grite tan fuerte que se sobre salto y todos los trabajadores de la primera planta se quedaron viendo - Sigan en lo suyo - Salí.

- ¿Todo bien? - Pregunto Jazmín.

- Si, si. Ya voy en camino - avise y me subí al carro.

- Trata de calmarte un poco, ¿si? - dijo y encendí el carro - todo estará bien.

- si algo le pasa a Elizabeth o a los bebés no me lo perdonare - mi voz se apago - ¿que paso?

- Yo creo que es mejor que...

- ¡Dímelo! - a este paso ya me había pasado dos semáforos.

- ¡Cálmate! - colgué.

Guarde el celular y me pase otro semáforo, solo que con este no corrí la misma suerte que con los otros. Otro coche venía a alta velocidad y yo estaba en mitad del camino.

Solo sentí el choque y pude ver como posiblemente mi vida podría acabar ahí, hubo otro golpe y fue cuando perdí lo ultimo que quedaba de esperanza, todo se torno oscuro.

Escuchaba sirenas a mi alrededor, personas gritando y otras hablando, sentí algunas manos jalando de mis brazos y mi cuerpo doler de cada jalón, pero el dolor junto con los sonidos comenzaron a restarse y poco a poco deje de escuchar todo a mi entorno y un pitido lleno mi cabeza.

La DeudaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora