Capítulo 29

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1992. Junio.

El día de la boda había llegado. Aidan y los invitados estaban en la iglesia esperando a la novia. Vincent, el amigo de la infancia de Sandrine y sus hermanos, también estaba ahí. Él y Sandrine siempre fueron muy amigos y, tanto ella como sus hermanos y otros amigos de ella, se escribían cartas con él con frecuencia. Aidan sabía que no pasaba nada entre ellos, pero debido a los comentarios que le habían hecho dos de sus cuñados, se mantenía alerta y miraba tanto la puerta de la iglesia como al amigo de su prometida.

Mientras, Vincent y los hermanos de Sandrine estaban sentados en bancos cercanos, charlando entre ellos.

—Nos alegra que hayas venido —dijo Grace con una sonrisa.

—Lástima que tengas que irte otra vez —agregó Spencer, ya de 18—. Estaría genial que vuelvas definitivamente.

—Mi contrato sigue en Australia. Oigan, Aidan no ha dejado de mirar para acá. ¿Le pasa algo?

Los tres hermanos miraron en la dirección que señaló.

—No le hagas caso, sólo es un poco celoso —dijo Grace mientras volvía a darse vuelta junto con los demás.

—Sí, pobre de Sandrine —se quejó Spencer.

—¿Aidan tampoco te cae bien?

—No, te sigo prefiriendo a ti para ella. May y yo insistimos con que lo dejara y se case contigo, pero no nos hizo caso —contó el menor de los hermanos encogiéndose de hombros.

Vincent y Grace lo miraron a él y a May con seriedad.

—Saben que no siento nada por ella más que amistad, ¿verdad?

—Pues podrían haber sido o ser una linda pareja —deseó May.

—¿Ser? —preguntó Grace con una ceja arqueada—. May, ¡nuestra hermana y cuñado se están por casar! —la regañó gritando en voz baja—. ¿No tienes respeto?

May suspiró y subió y bajó los ojos.

—Se puede anular, Vincent casarse ahora con Sandrine o sino esperar al divorcio. Es legal.

—¿Te estás escuchando lo que dices? —preguntó su hermana indignada.

—A no ser que Vincent ya tenga novia y no haya podido venir —mencionó Spencer mirándolo.

—No tengo en este momento, tuve una en Australia hace un par de años, pero nunca vi a Sandrine como nada más que una amiga. Deberían dejar esa costumbre y tener respeto por su cuñado aunque no les caiga bien.

En el altar, Clarissa tocó el brazo de su hijo para llamar su atención.

—Deja de vigilar tanto las butacas y enfócate solo en la entrada.

—Es que vino el amigo de mi prometida.

—Son sólo eso, Aidan: amigos. Nada debería preocuparte —lo consoló, sabiendo a lo que se refería.

Su hijo sonrió un poco y asintió. Volvió su vista a la entrada. La marcha nupcial comenzó a sonar, todos se pusieron de pie y las puertas se abrieron, dejando ver a Sandrine vestida de blanco y un peinado semirrecogido con varias ondas, acompañada por su padre. Mientras avanzaba, Aidan no dejaba de verla deslumbrado por lo hermosa que se veía y no pudo evitar sonreír, como si el mal momento de ver a su "competencia" se hubiera esfumado. Su prometida llegó al altar, y el cura dio inicio a la ceremonia. Ambos dieron el sí y se dieron el beso. Todos aplaudieron, aunque Spencer y May lo hicieron sin sonreír.

Un rato después, estaban en el salón, el cual tenía una decoración sencilla y con música que venía de los parlantes. Cada grupo estaba en una mesa distinta cenando con sus respectivos familiares y amigos.

Tu hijaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora