Casa nueva, vida nueva

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Las remodelaciones del departamento duraron cerca de dos meses, Pilar fue muy detallista cada ambiente, había mencionado que deseaba que Atenea vuelva a apropiarse de sus espacios, que lograra un empoderamiento en lo referido a la espiritualidad.
La estadía en lo de su padre había sido reconfortante, al mes había vuelto a trabajar en el estudio, su ánimo había mejorado y el apetito regresaba lentamente. Se estaba adaptando a la idea de una nueva vida sin Pablo, quien sólo había dado señales de vida a través de su cuñada... cobarde.
En un ataque repentino de furia, había decidido cerrar su cuenta de facebook, prometiéndose solo regresar a tener una el día que todo este asunto haya quedado en el pasado.
Había navegado mucho por internet, había ingresado a cuanto foro existiera sobre el tema y leído los blogs que redactaban mujeres divorciadas de todo el mundo. La mayoría se dedicaban a dar sugerencias y opiniones sobre los trámites legales que uno debía realizar, y como afrontar la situación teniendo hijos. Ambos puntos resultaban totalmente innecesarios para ella, primero porque era abogada y sabia como se procedía y segundo porque ellos no habían tenido hijos. Sin embargo, en otro menor número de foros y blog, comentaban y discutían distintos métodos sobre cómo superar un divorcio. Todas hablaban sobre tomarse un tiempo para hacer el "famoso duelo", lo cual implicaba: permitirse llorar, no negar lo sucedido, hablar con alguien sobre nuestros sentimientos o por lo menos no aislarse. El listado de sugerencias era largo, sin embargo, Atenea se propuso centrarse en dos: Buscar nuevas actividades que la mantengan saludable y mejorar su auto estima. Lo cierto era que había comenzado a sentir una especie de culpa por los años "perdido" quería de alguna forma salir triunfal de esta situación o por lo menos no sentir semejante vacio. Había realizado una lista de las actividades posibles de realizar pero no quería decidir nada antes de mudarse nuevamente a su departamento.
La tarde en la que estaba llenando nuevamente el bolso con la ropa, el sol ardía en la tarde Santafesina de fines de Marzo, por lo que Atenea se paseaba por la casa en bikini, llevando y trayendo ropa de la habitación al lavadero y del lavadero a la habitación. Como había tenido que desmantelar entera su casa para que la decoradora pueda trabajar con libertad, mucha de las cosas que antes ocupaban los espacios del departamento habían sido reacomodados en la casa de su padre y muchos otros vendidos a través de internet. Las viejas frazadas había decidido guardarlas en un ropero vacio que tenia la antigua habitación de su hermana, así fue que luego de embolsarlas, para cuidarlas del polvo y las polillas, se dispuso guardarlas para llegado el invierno poder donarlas. Una vez que depositó la última bolsa en la parte superior del ropero, cerró la puerta y se bajó de la silla, la cual le había permitido ganar altura y llegar al fondo del compartimiento.
Saliendo de la habitación se topó con el gran espejo de pie que le habían regalado a Eugenia en su cumpleaños número quince. No le disgustaba lo que veía, pero sabía que había tenido momentos mejores. Había bajado por lo menos cinco kilos en estos dos meses y en su metro sesenta y seis se apreciaba notoriamente esta perdida de peso. Nunca había sido muy voluptuosa, pero ahora lo poco que solía tener lo había perdido del todo, se miro de costado y luego giro para poder contemplar la espalda, las piernas y los glúteos... pensó que era una imagen lamentable. Se soltó el rodete que tenia hecho, y el cabello cayó como una lluvia dorada sobre sus pechos, los cuales también eran muy fáciles de ocultar bajo este telón, ya que no sobresalían en absoluto. La última vez que había ido a la peluquería había sido cuando Ingrid la obligó a salir de su habitación a los pocos días de haber sido abandonada por su esposo. Pensó que tendría que trabajar duro si quería sentirse a gusto nuevamente con su cuerpo y recuperar la confianza que alguna vez había tenido, el estado de su cuerpo no la ayudaba en este momento.
La parte espiritual también debía recuperar, como ya había leído en infinidad de blogs, debía encontrarse nuevamente con ella misma.
El 27 de Marzo se despertó con mejor humor de lo habitual, ese día volvería a su departamento, no lo había visitado desde el momento que le entregó las llaves a Pilar para que realizara las reformas. Estaba ansiosa por ver como había quedado, a pesar de tener los bocetos, no se imaginaba los ambientes transformados. Esa mañana, el clima era ideal para una mudanza, ni muy calurosa, ni muy fresca... Eugenia pasó a las nueve en punto de la mañana para recogerla y llevarla al departamento junto con sus dos valijas de ropa, y unas cuantas cajas con el resto de las pertenencias.
El portero del edificio la ayudo a subir las cajas, cuando finalmente estaba todo dispuesto en la puerta de entrada, colocó las llaves para ingresar. Al pasar el umbral, quedo maravillada con lo que veía, los colores cálidos que había seleccionado Pilar para decorar los ambientes, eran fascinantes, estos habían sido pensados para fortalecer la salud de Atenea, "mantener su cuerpo y alma lo mas en equilibrio posible", había dicho la decoradora. Sin embargo su habitación tenia detalles y colores que la cargaban de sensualidad, el objetivo había sido que Atenea vuelva a sentirse pasional, que confíe nuevamente en su femineidad.
Durante el transcurso del día se dedicó a llenar el ropero y a estudiar los electrodomésticos nuevos con los que contaba la casa. La heladera nueva era excesivamente grande para ella sola, al abrirla encontró un champagne y una nota que decía.

"Este es mi regalo para tu nueva vida, se que te va a parecer demasiado grande, si no alcanzás a llenarla con comida, llenala con botellas de champagne...en la vida hay demasiadas cosas para festejar. Te quiero infinitamente.
Ingrid"

Sonrió al ver la nota y volvió a guardar la botella dentro de la heladera. El televisor era obsequio de su hermana, prendió la tele y conecto con internet para poder escuchar música.
Cerca de las ocho y media de la noche, sonó el timbre, no esperaba a nadie pero podía imaginar quien seria. Ingrid entro un instante después al departamento con una caja de comida _Nada mejor que una inauguración con sushi y champagne, ¿no?_
Esa noche Atenea sintió que volvía a disfrutar de las pequeñeces de la vida, conversaron de cosas de mujeres, e hicieron planes para las próximas semanas, surgió la idea de hacer un viaje juntas, posiblemente en las próximas vacaciones de invierno.
Con el paso de las semanas Pablo se convertía en un capitulo cada vez más lejano de su vida, o al menos así lo sentía ella. Comenzó a correr por la costanera tres veces por semana, fue a la cosmetóloga e incluso visitaba con regularidad la peluquería, se inscribió en un curso de italiano y empezó a estudiar la idea de comprarse un auto. Sin embargo, la sorpresa más grande la dio en el mes de mayo. Mientras esperaba que a su amiga le realizaran un tratamiento para las varices, Atenea tomó un folleto que había en la mesa de la sala de espera y al terminar de leerlo se paró y saco un turno con el cirujano plástico que atendía en esa clínica.
_ ¿Estás segura que querés operarte?_ Ingrid parecía estar totalmente sorprendida por la decisión que había tomado su amiga. _Nunca mencionaste nada al respecto, nunca pensé que tuvieras complejo con tus pechos.
_ No, es que no lo tenía, hasta ahora...
_ ¿No querés esperar al menos hasta el año que viene?
_ No, quiero hacerlo ahora, antes que nos vayamos de viaje_ Atenea parecía estar disfrutando del desconcierto de Ingrid. _Quedate tranquila, no me voy a arrepentir.
Tres semanas después Ingrid cuidaba de Atenea en su post operatorio, la operación había salido de maravillas, pero la primera semana luego de la operación fue terrible, recién a los diez días dejó de sentir grandes molestias. A pesar de los dolores propios luego de una intervención de este tipo, la menor de las Vionnet, estaba muy satisfecha con los resultados obtenidos. Había aumentado de un talle ochenta y cinco a un noventa y cinco, la forma de los senos era completamente natural, ya que había escogido los implantes anatómicos.
A principio de Julio, Ingrid y Atenea despegaron con destino a México. Fue un viaje soñado, los 15 días que estuvieron pudieron entretenerse a pleno, visitaron sitios históricos, degustaron comidas típicas y disfrutaron de las cálidas playas bañadas por el mar Caribe. El regreso de Atenea a Argentina, a pesar del frio que caracterizaba al mes de julio, estuvo lleno de calidez y buenas vibras, con el espíritu cargado de energía, se propuso no permitir por nada en el mundo que desaparezca ese estado.
Antes de irse de viaje, se había interesado por el comentario que le había hecho una clienta del estudio, sobre que un club cercano abría desde muy temprano permitiéndole tomar clases de natación antes de entrar a trabajar. Esa misma tarde se acercó al club y se asoció para empezar lo antes posible. Luego de terminar de llenar el papeleo y pagar la primera cuota, buscó una tienda de deportes y se compro lo necesario para comenzar, una malla deportiva de dos piezas, un gorro de silicona y antiparras. De 7:00 a 8:00 de la mañana iría a nadar y a las 8:30 llegaría al estudio que solo quedaba a cinco cuadras del club.
Esa noche tenía planeado comer con Ingrid y con su hermana, Eugenia había estado una semana en Buenos Aires averiguando la posibilidad de iniciar una tratamiento de inseminación artificial, hacia ya tres años que ella y Marcos, su esposo, buscaban un bebe.
La comida se pasó entre anécdotas del viaja y las novedades del tratamiento que Eugenia comentó, las cuales aún seguía analizando si realizarlo o no. Habían pasado seis meses ya de la separación y hasta el momento nadie se animaba a preguntarle como estaba, pero Eugenia ese día sintió que era el indicado.
_ ¿Que tal los hombres en Mexico?_ pregunto disimuladamente _ ¿Algo interesante? Ingrid rió abiertamente tras la pregunta que realizó Eugenia.
_Bailamos con algunos... Pero sinceramente no eran buenos partidos._ Ingrid bebió un buen sorbo de vino tras contestar a la pregunta.
En ese momento Atenea se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina en búsqueda del postre. Aprovechando la ausencia de su hermana, Eugenia miró a Ingrid de forma inquisitiva para saber si su hermana había tenido algún tipo de acercamiento con algún hombre, pero la fiel amiga negó con la cabeza con signos de decepción.  

No hay edadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora