La habitación de Atenea olía a Vainilla, era cálida, con colores elegidos por la diseñadora para favorecer la sexualidad y el amor, todo estaba perfectamente ordenado y la cama llamaba a recostarse en ella. Tenía un edredón color marfil y almohadones haciendo juego de tela baby skin. Todo promovía un descanso placentero.
Facundo por primera vez desde que se cruzó con la joven en el club estaba nervioso, no sabía que hacer o, mejor dicho, que esperaba ella que él haga. Por lo tanto, decidió quitarse únicamente los zapatos mocasines del uniforme y recostarse con la ropa puesta sobre el cobertor. Cuando Atenea lo vió le dijo que se saque el sweater, aunque sea, para que no tenga calor, pero que si quería podía sacarse el resto para estar más cómodo, que a ella no le molestaba. El observó la cama dubitativo y luego la miró directamente a los ojos.
_Vos te vas a quedar cómoda también? Mirando el piso e intentando no demostrar inseguridad le respondió.
_Si vos te sacas, yo me saco.
A Facundo se le dibujó una pequeña sonrisa pícara y comenzó a sacarse el sweater, continuó por la chomba y cuando comenzaba a desprender el cinto, la rubia abogada salió de su trance y se sentó en la cama para comenzar a quitarse las botas, o tal vez era para evitar el colapso nervioso que le generaba la situación... Atenea sintió que detrás de ella se corrían las sábanas e imaginó que el ya debería estar únicamente en ropa interior. Comenzó a desprenderse muy lentamente la camisa roja y agradeció recordar que llevaba ropa interior nueva. Sin sacarse la camisa se desprendió el primer botón de jean y bajó la cremallera. No sintió que el joven se meta dentro de las sábanas por lo que supuso que aún estaba parado observándola. Tomó valor, se quitó el jean y se paró dándose vuelta y quedando de frente al adolescente, con la camisa desprendida pero aún puesta. La seriedad de Facundo mirándola la volvió loca, tenía la boca entreabierta y se notaba que la respiración le había cambiado.
Lentamente y mirándolo a los ojos comenzó a sacarse la camisa, él nunca apartó la mirada del rostro de ella y eso a Atenea le encantó. Se quedaron unos segundos estáticos mirándose a los ojos y luego ella le hizo un leve movimiento de cabeza para invitarlo a acostarse a lo que él sólo respondió con un enérgico movimiento de cabeza en modo de afirmación.
Una vez dentro de la cama ambos se recostaron boca arriba. Él tomó la iniciativa y agarró las sábanas para tapar a ambos, pero cuando se incorporó y vió el cuerpo de Atenea, apretó las sábanas en sus puños y con los ojos cerrados intentando controlarse le dijo.
_ Esto es una tentación muy grande, necesito mucho autocontrol. Aún con los ojos cerrados hacía un gesto de resignación y estiraba suavemente la sabana por el cuerpo de la joven mujer.
Abrió los ojos y se recostó tapándose el también. Volvió a cerrar los ojos y tomaba grandes inhalaciones para regular su respiración.
Atenea mientras lo miraba de reojos estática en la misma posición inicial y con un hilo de voz le dijo.
_No sé si quiero que te controles...
Él al escuchar esas palabras giró lentamente para quedar mirándola, suavemente retiró un mechón de cabello del rostro de la muchacha y se acercó, cuando estaba a pocos centímetros de la boca la quedó mirando inmóvil, sólo esperaba un gesto de ella que le de permiso para continuar. Atenea sacó su mano derecha de adentro de las sábanas y las llevó al rostro del joven, le acarició la mejilla y luego la llevó a la parte trasera de la cabeza enredando los dedos en el cabello de Facundo. Él cortó la poca distancia que los separaba y la besó. El beso comenzó siendo sutil y medido, pero lentamente fue aumentando la intensidad, él comenzó a recorrer el cuerpo de Atenea en un principio por encima de las sabanas y luego se cansó que la tela lo separe de poder tocar la suave piel. No podían separar sus bocas, Atenea se sentía excitada a un punto desconocido por ella, estaba perdiendo noción de donde estaba, de las preocupaciones del trabajo, de Pablo y de todo aquello que la hizo sufrir. Y se permitió ser, sentir y explorar... Cortó súbitamente el beso, se incorporó y se colocó a horcajadas de él, extendió los brazos para sentir los pectorales y luego fue hacía los brazos, recorrió los deltoides, los bíceps y finalmente retiró las manos para llevarlas a su espalda y desabrochar el corpiño mientras lo miraba a los ojos con una seguridad y confianza que nunca había sentido en la cama. Él tragó saliva con la mandíbula tensa, llevó las manos a la cintura de la mujer y comenzó a subir hasta llegar a los pechos, ella cerró los ojos dejándose invadir por el placer y lentamente comenzó a moverse sobre Facundo, provocándole a éste aumentar aún más el ritmo de la respiración y robándole gemidos tímidos que comenzaban a hacerse oír. El joven se incorporó quedando sentado con ella encima y los pechos de ésta quedaron al alcance de su boca. Se aproximó y paseó sus labios por uno de ellos, luego inició un recorrido por los pezones, era como un juego de sentidos, la sensación de la textura de los pezones rozando su boca era exquisita. Introdujo uno en su boca y la lengua del muchacho no dejó rincón sin explorar. Atenea perdió el control y se permitió gemir y aumentar el ritmo de sus movimientos mientras una de sus manos presionaba los músculos de la espalda de Facundo y la otra la mantenía enredada en el cabello, acompañando los movimientos que hacia la cabeza del joven mientras besaba sus pechos.
Atenea sentía la erección bajo sus glúteos y eso la excitaba aún más. Pero abruptamente Facundo paró y con los ojos apretados, los puños cerrados sobre la cama y la frente apoyada sobre el centro del pecho de la mujer le dijo.
_ No puedo seguir, no aguanto más y no tengo protección. La voz aún agitada le salió desahuciada..._Si continuamos así voy a terminar de esta forma y creeme que me puedo llegar a morir de vergüenza.
A ella éste último comentario le dio una combinación de gracia y ternura. Pero enseguida pensó en cómo darle placer sin correr riesgos. Nunca se había sentido de esa forma, descubrió que era capaz de sentir tanto como para olvidar todo el dolor, y eso era gracias a Facundo, él la había ayudado a descubrir eso, y sentía que estaba en deuda con él. Fue por esto por lo que se bajó del chico y con una sonrisa le dijo que no se preocupara que ella tenía una idea. Le tomó el elástico del bóxer y tiró hacía abajo dejando al descubierto el miembro totalmente erecto. Comenzó a depositar pequeños besos por el tórax, mientras lo incentivaba con sus manos a recostarse. Continuó bajando por el abdomen y finalmente descendió hasta el pene, lo tomó con sus manos y se lo introdujo en la boca. Nunca había sido una experta, pero trató de recordar las charlas divertidas que había tenido con Ingred acerca de los consejos de la famosa sexóloga Alejandra Rampolla. Lo lamió como si fuera un helado y luego realizaba suaves succiones, haciendo presión con los labios comenzó el movimiento rítmico de subir y bajar. Los gemidos de Facundo iban en aumento. En determinado momento y con la voz ronca le dijo que iba a terminar. Ella no se apartó, continuó realizando los movimientos. Con Pablo nunca lo había hecho, nunca se había quedado hasta el final, le daba asco, pero ahora sentía que estaba preparada... quería sentirlo, conocerlo entero.
A los pocos segundos ocurrió, él con los dientes apretados y los ojos cerrados, permitió dejar salir su placer. Atenea se sentía extasiada, verlo gozar de esa forma era algo magnífico. Lentamente se incorporó y se recostó junto al joven quién continuaba con los ojos cerrados. Se quedó observándolo hasta que abrió los ojos y le dijo.
_Es mejor que duermas porque si no vas a desmayarte en medio del entrenamiento.
_No. Exclamó Facundo. _Puedo seguir, ahora me toca a mí darte placer.
_No Facu, quedate tranquilo que ya me diste mucho más placer del que alguna vez sentí y de verdad creo que lo mejor es que duermas un rato. Le dijo esto mientras le recorría los abdominales con la yema delo dedos.
Durmieron una hora y media hasta que sonó el despertador. Se cambiaron mientras reían y charlaban animadamente. Ella le preguntó si quería comer algo antes de irse y le aceptó un yogurt con cereales. Atenea lo acompañó hasta el lobby, y él aprovechó el viaje en el ascensor para besarla y despedirse.
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No hay edad
RomanceAtenea, una abogada de 32 años debe comenzar de nuevo su vida luego de un terrible divorcio, lo que no imaginaba es que sea de la mano de un joven de 18 años. Pero... ¿Hasta que punto uno debe guiarse por la pasión? ¿Es posible una relación con esta...
