Noche de fiesta

800 39 4
                                        


El sábado a la noche Facundo llegó a Santa Fe, se tomó un taxi en la terminal y fue directo a su casa, necesitaba descansar adecuadamente. Durante el viaje se escribió con Atenea, se comentaron como había sido el día de cada uno y de nimiedad. Apenas el joven llegó a su hogar, comprobó que su abuela ya estaba dormida y se dispuso a hacer lo mismo, no sin antes despedirse de la bella abogada.

Atenea en cambio, aún le quedaban unas horas antes de acostarse, era el cumpleaños de su padre, por lo que había ido a cenar a su casa. Era una reunión íntima, pero solía extenderse por lo general hasta pasada la medianoche. Al rededor de la una de la mañana, Atenea se disponía a irse, pero su padre la frenó para decirle que si quería estaba a disposición su auto, ya que al otro día salía rumbo a Europa por veinte días. La joven abogada aceptó la oferta de su padre y esa misma noche se fue manejando a su casa.

El domingo nueve de agosto el día había amanecido esplendoroso. Atenea se despertó, se vistió con ropa deportiva y preparó el mate para desayunar. Una vez que se sentó en el sofá frente al ventanal, agarró el celular. Tenía un mensaje se Facundo saludándola y comenzaron a escribirse, ambos estaban felices que después de varios días grises por fin aparecía el sol. A la joven abogada se le ocurrió que podían aprovechar el día y hacer algo distinto, por lo que le propuso pasar la tarde en un parque de un pueblo que quedaba a unos treinta kilómetros. El joven aceptó y arreglaron para salir alrededor de las dos y media de la tarde.

Esa tarde se alejaron del mundo, se sentaron en un banco del gran parque y se olvidaron de todo, incluso de la diferencia de edad. Comieron facturas que compraron en una panadería típica de la zona y tomaron mate, pero fundamentalmente conversaron y se rieron todo el tiempo que estuvieron juntos. Cuando decidieron regresar a la ciudad porque el sol ya estaba bajando, al igual que la temperatura, Facundo la sorprendió con una pregunta mientras la abrazaba antes de subir al auto.

_ El viernes que viene hay una fiesta que organiza mi curso para juntar plata para la recepción. ¿Te gustaría venir?

La pregunta tomó totalmente desprevenida a la abogada y meditó por unos segundos la respuesta que le daría. Miles de preguntas sin respuestas la acechaban... ¿Con quién iría? ¿Como iban las chicas vestidas a una fiesta de ese tipo? ¿se vería muy ridícula yendo con su edad a una fiesta organizada por un grupo de colegiales? Pero las que más le preocupaban eran ¿Como debía actuar con Facundo si llegaba a ir? y ¿En concepto de que iría?

_ Dejame que vea si mi amiga puede acompañarme y te confirmo en estos dias. ¿Puede ser?

_ No te noto muy convencida de querer ir...

_ Es que sinceramente hace tanto que no voy a una fiesta que me cuesta hacerme a la idea.

El viaje de vuelta lo hicieron escuchando música y hablando de cómo sería la semana entrante. Facundo tenía dos pruebas y Atenea posiblemente asistía a una jornada de violencia obstétrica que se llevaría a cabo en la faculta de ciencias jurídicas y sociales, de la cual ella se había graduado.

Ese mismo domingo a la noche Atenea se comunicó con Ingrid para comentarle de la fiesta. La primera reacción de la alegre amiga fue reírse pensando que era un chiste que su amiga de verdad estaba pensando en ir a una fiesta de adolescentes, pero luego entendió que la propuesta iba enserio.

El miércoles ambas amigas salieron un rato antes del estudio para ir a la peatonal Santafesina y ver si encontraban algo acorde para ponerse. En realidad, la más preocupada por el atuendo era Atenea, Ingrid la seguía en esa locura y aprovechaba para hacer algunas compras. Finalmente, y luego de entrar a probarse ropa en aproximadamente diez locales diferentes, Atenea se decidió por un vestido corto al cuerpo, de color negro, mangas largas y espalda descubierta. Para completar el atuendo se compró unos aros y un sobre de color borravino que le fascinó apenas lo vio. Ingrid decidió ir con una camisa de gasa color champagne y un pantalón negro engomado.

No hay edadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora