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—papá—miro a su padre nerviosamente—¿Qué haces aquí tan tarde?—mostro una sonrisa incomoda.
—tu sabes por qué, así que déjame entrar. —la verdad es que no se pa' jeje—rió mientras desviaba su mirar a otro lado.
—dejate de rodeos México—hizo a un lado a su hijo y entro a la casa para terminar llendo a la sala y tomar siento—tu sabes por qué estoy aquí así que quiero escuchar tu explicaciones—se cruzó de brazo y piernas.
—¿Te lo dijo el señor Urss? —quien me lo dijo es lo de menos México—el menor se sentó rendido, solo esperando el sermón de su padre.
—¿En qué estabas pensando?—empezo a regañar—¡¿Cuál era tu puta necesidad de fingir ser el esposo de Rusia?—México bajo la mirada a sus dedos que jugaban nerviosamente.
—yo lo siento papá, solo...quería ayudar. —¡¿Y por qué cojones ayudas a ese mal nacido?!—grito el español.
—¡Por qué aún lo quiero!—su padre abrió los ojos de la impresión de las palabras.
—¡¿Como es que aún quieres a ese gilipollas?! ¡Te engaño!—trato de hacer entender a su hijo.
—¡Si, me engaño! Pero no es tan fácil, vivimos juntos ¡doce años! Tenemos dos hijos los cuales me recuerdan a cada momento su existencia—un dolor en su pecho empezó a instalarse al igual que su vista se nublaba por lágrimas que quieren salir—s-solo...—y ahí estaban las lágrimas y los hipidos —solo han pa-pasado dos meses...dos mes-ses dónde he tratado de...olvidar todos esos años d-de... felicidad—hablo con dificultad por el llanto.
España solo miraba con tristeza y preocupación a su hijo de en medio, al verlo de esa manera no puede evitar recordar a su difunta esposa. Con un cansado suspiro se acerca a su hijo y lo estrecha entre sus brazos.
México se aferra al saco de su padre tal y como lo hacía cuando era un niño y se raspaba la rodilla.
—se...se que es difícil—acaricio el pelo de su hijo—te has aguantando por mucho tu sufrimiento mi niño, pero yo y tus hermanos siempre estaremos para ti yo te voy a ayudar a superar todo esto mi niño—los sollozos no cesaban pero ya eran menos.
México por fin saco su rostro del pecho de su papá, claro que las lágrimas seguían ahí—y-yo—trato de tranquilizarse un poco—yo...no quería que mi-mis hijos me vieran así...pero hoy re-recordé todo lo q-que pase con el y yo...—una vez más la tristeza invadió su sistema haciendo que el llanto volviera a tener intensidad.
Una vez más ocultó su rostro y España está vez acariciaba su espalda, no veía así de triste a su hijo desde que si primer novio se fue a Francia.
Tuvo que pasar un rato para que el mexicano se calmara un poco y sus palabras se comprendieran mejor.
—perdón por...hacer lo que hice...yo...en un principio no quería pero algo me hizo aceptar esa pésima propuesta—limpio sus ojos con un pañuelo de papel.