Capítulo 17

1.2K 69 2
                                    



Dasha



Me abrazó, me estrechó entre sus brazos y por primera vez desde que estaba allí pude sentir. Apreté los ojos con fuerza deseando que todo aquello solo hubiese sido una pesadilla, desgraciadamente cuando los abrí me encontré con la cara de Mason enfrente.

Me sonrió.

Algo no encajaba, algo no cuadraba en su rostro, giré mis ojos para ver a un grupo de personas encapuchadas a nuestro alrededor, mi estómago se encogió y por un momento el aire dejó de pasar por mi nariz.

¿Había terminado con nosotras? ¿Era el final?

Siempre pensé que entre los brazos de mi madre nada podría hacerme daño, que era el lugar más seguro, que ella me protegería. Aquello tan solo era un pensamiento infantil que vi como se desvanecía en ese mismo instante. Nada podía protegerme porque cuando te enfrentas al mismísimo diablo ni el ángel más fuerte puede hacerlo.

Volví a dejar que el aire pasara.

—¿Cómo estás?—Me separé de ella pudiendo volver a ver la cara que había pensado que ya no volvería.

Al contrario que yo, ella parecía limpia, sana, ni siquiera tenía marcas o signos de violencia, su piel seguía igual de suave e impecable que siempre.

Sus ojos azules me miraron con horror y miedo al percatarse de mi estado. Sus manos temblorosas se posaron sobre mis mejillas, cerré los ojos al sentir su cálido tacto.

—Hija...—Su voz se quebró y las lágrimas comenzaron a rodar por su cara.

—Tranquila.—Limpié su rostro con mi pulgar.

—¿Qué... qué te han hecho?—Un trozo de mí se rompió al ver el dolor en sus ojos.

—Estoy bien—le susurré forzando una sonrisa e intentando que la voz no me fallara.

—Fin del reencuentro—dijo la voz de Mason y dos de los encapuchados nos separaron y sujetaron con fuerza.

—No le he tocado un pelo—dijo abriendo los brazos, como si en aquel momento fuera la persona más buena del mundo—. He cumplido—me susurró.

Ese hijo de puta estuvo todo ese tiempo diciéndome que mi madre había muerto, que había agonizado, que había sufrido y por un momento llegué a creérmelo, por un momento llegué a pensar que se había ido, por un momento llegué a sentir ese vacío en el pecho. Por alguna razón me autoconvencí de que no era así, de que seguía viva, quizás para poder aguantar o quizás porque una parte de mí, una parte muy pequeña lo sabía.

—Claro que la diversión se suele acabar ¿verdad?—Miró a su alrededor, hacia los encapuchados que lo escuchaban sosteniendo armas—. Digamos que me he hartado de las Volkóva y tu padre ni siquiera ha hecho un esfuerzo por ponerse en contacto conmigo para negociar.—Se acercó a mí y comenzó a pasar su mano por mi pelo que todavía estaba algo húmedo—. Supongo que no le importáis tanto como él dice.

Mentira.

No lo creía, mi padre nunca haría eso, seguro que ahora estaba con Nicolay ideando un plan para poder rescatarnos ¿verdad?

—He decidido hacer un pequeño juego.—Esa sonrisa malvada volvió a sus labios—. Madre e hija, así será más divertido ¿No creéis?

Mi madre sollozó, la vi temblando entre los brazos del hombre que la sujetaba, hacía mucho frío apenas sentía mis dedos, mi madre no podía aguantar tanto así.

—Oh, venga Melanka.

Se acercó  y le limpió las lágrimas. Me removí con molestia al ver como ponía sus dedos sobre ella, mi madre era hermosa y temía que hubiese abusado de ella de otra forma no tan violenta porque era débil y no podía defenderse.

La Rusalka RojaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora