Capítulo 26

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Damien

Me quedé congelado en el sitio cuando vi como salía con un mar de llamas a su paso. Fue como si hubiese presenciado la escena a cámara lenta: su mirada perdida, su expresión seria...Parecía ausente, como si hubiese tomado el control otra Dasha que para nada se parecía a la que había conocido en su mansión. Ni siquiera se inmutó cuando comencé a gritarle y ha zarandearla, su cuerpo parecía tener el piloto automático.

Todas mis alarmas se encendieron, solo había visto a una persona así en toda mi vida: un antiguo compañero de trabajo que vivió un secuestro por uno de los mayores grupos terroristas del mundo. Resumiendo, lo tuvieron encerrado con torturas lo suficientemente fuertes como para dejarte marcado de por vida.

Todas esas señales me daban paso ha pensar que Dasha había sido torturada tanto como para dejarla en aquel estado de suspensión. 

Que ese hijo de puta hubiese matado a su madre ya se me hacía demasiado duro para ella, por lo que me contó Ivan y lo que pude ver, Dasha le tenía mucho aprecio a su progenitora. Nos habíamos metido en todo ese lío con el objetivo de rescatarla, y ahora que habíamos conseguido salir que ella no estuviera y que la satisfacción y la venganza en la expresión de Dasha se mostrasen tan vivos mientras mataba a los guardias que nos habían retenido me indicaba que el psicópata de Mason no había tenido compasión y seguro Dasha lo había presenciado.

Había sido fuerte, de eso no cabía duda, ya que había conseguido manipularlo para conseguir todo aquello, no todo el mundo es capaz de hacerle frente a su secuestrador. Si no hubiera sido por ella no habría conseguido escapar, ella había sido la que me había salvado la vida cuando se suponía que parte de mi trabajo consistía en eso.

En mi cabeza siempre había estado la opción de que ese mal nacido había podido estar abusando de ella y tan solo de pensarlo mi cuerpo se llenaba de rabia y temor, porque si había llegado a ser así, yo no había estado para protegerla y eso era algo que nunca me perdonaría.

Tan solo el imaginármelo posando sus dedos sobre su tez de porcelana me ponía enfermo.

Tanto tiempo sin verla había sido un sufrimiento y me quemaba la piel por las ansias que tenía de tocarla y poder envolverla en mis brazos. Se veía tan frágil, tan delicada mientras dejaba sus huellas por la blanca nieve que cubría el bosque.

Decidí dejarle espacio, tenía que hablar cuando estuviese preparada, era la primera vez que ella vivía algo así, era normal que estuviese en estado de shock al ver que al fin había escapado.

Estuvimos andando un par de horas, ella delante y yo a unos metros de distancia dejándole privacidad. Cuando se paró y se giró hacia mí el humo que desprendía el lugar del que habíamos escapado apenas era un punto en el horizonte entre tantos árboles.

Sus ojos me miraron por primera vez desde que estábamos fuera. Su mirada estaba atemorizada y su cuerpo temblaba bajo los copos de nieve que se atrevían a posarse sobre su cuerpo. Estaba mucho más delgada, los huesos de su clavícula se marcaban tanto que apenas parecían estar cubiertos por una capa de piel.

Di un paso dubitativo de si debía acercarme o no y cuando me asintió con la cabeza no dudé en taparla con el abrigo que en un principio había cogido para ella. La envolví con el pelaje de la prenda mientras ella cerraba los ojos y soltaba un gran suspiro.

Estamos a salvo—susurró más para ella misma.

Abrió los ojos y se me quedó mirando.

Dashadije inseguro porque temía incomodarla y alejarla de mí—. Sabes que me tienes a tu entera disposición...Si quieres hablar de lo que ha pasado ahí dentro.

Forzó una pequeña sonrisa que no llegó a reflejase en sus ojos.

Posé mis manos sobre sus mejillas con la mayor delicadeza con la que lo había hecho nunca, me agradó ver que cerraba sus ojos y se removía cómoda ante mi contacto.

Me partió el corazón verla así.

¿Ahora que hacemos?preguntó incorporándose.

No te preocupes por eso. Debes descansar.

La tomé entre mis brazos con miedo de poder romperla y me senté apoyándome en un árbol envolviéndola con mi cuerpo para calentarla.

Damiendijo entredormida.

¿Sí?

Te he echado de menos.

—Te he echado de menos

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