3. Madrid te va a cuidar.

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—Te va a ir genial y ojalá te atrevas a mandar esas canciones a alguna discográfica.

Lo habían hablado muchos veces. Débora tenía muchas ganas de que la rubia le cantase alguna canción, lo intentó y lo consiguió, tras mucho insistir. Pero no agobiar.

Samantha, para nada convencida, accedió a cantarle una noche cualquiera en la terraza que desde hacía poco se había convertido en el sitio en el que las hermanas se tumbaban con el único fin de disfrutar de la compañía de la contraria.

Acabó por cantar una de las últimas canciones que había compuesto, se abrió en canal a su hermana de la mejor forma que podía: con música.

—Sam, es preciosa.

La cara empapada de Débora confirmaba que de verdad le había gustado y emocionado. Samantha pudo notar que de aquella manera se dejaba leer un poco más y la mayor de las dos se lo agradeció con un abrazo que a ambas les sabía a casa.

Débora entendió un poco más cómo se sentía su hermana, aquella canción lleva nombre y apellidos, tenía el sabor amargo de la pérdida pero la esperanza de salir a flote con el recuerdo.

—Tata, sabes que no lo haré, no a corto plazo. Me dedicaré a conseguir un trabajo para costearme el piso y los gastos que conlleva.

—En la música te iría tan bien, Sam, pero paro de insistir. Seguro que en Madrid te va todo bien y tu compañera de piso es un encanto.

—De eso no tengo duda pero fuera del piso no tendré a nadie y me da miedo estar sola. Madrid es una ciudad tan grande y se me queda tan pequeña.

—Samantha, para de torturarte. Te va a ir genial allí y harás muchos amigos. Quizás no muchos pero los justos para ser tú. Madrid te va a cuidar.

—Gracias, tata, espero que vengas a verme.

—Mi niña, llámanos todas las noches y hablamos siempre que puedas. Iremos a verte y si necesitas cualquier cosa nos llamas.

—Cuídate mucho, pequeña. T'estimem molt.

—Jo també us estimo.

Se despidió de su familia con la promesa final de llamarles siempre que pudiese y volver a casa al menos una vez al mes. Abrazó a todos por décima vez pero sintiendo que no iban a ser suficientes.

Hola, Samantha.

Si no recuerdo mal entrabas ya al piso, he salido con unas amigas. No tardaré en volver. Acomódate en tu habitación.

Y bienvenida a la capital.

Nos vemos, Samantha.

Se sentó en su asiento de tren, se despidió por el cristal por última vez de su familia. Leyó los mensajes, sonrió inconsciente y precedió a contestar a su ya oficial compañera de piso.

Hola, Maialen.

Sí, he cogido ahora mismo el tren para Madrid, en cuanto llegue me acomodaré en mi habitación.

Y muchas gracias, de verdad.

Nos vemos, Maialen.

Samantha pensó que había tenido tanta suerte con su compañera de piso. Desde que había confirmado que viviría allí solo se había preocupado por hacer que su futura estancia y convivencia fuese lo mejor posible.

La Liada || FlamanthaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora