infeliz

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Te odio...

¿Por qué me has hecho esto?...

¿Que te hice?...

Solo te di mi amor y así me pagas.

Los pensamientos vagaban en mi cabeza, miraba lo alto que estaba desde una ventana en la torre de astronomía.

De tan solo recordar lo que presencié momentos antes, mi corazón me dolía, las lágrimas salían solas caían de mi barbilla a mis piernas, los leves quejidos estaban presentes en el silencio de aquel lugar.

Tan solo hubiera llegado más temprano o más tarde no hubiera presenciado aquello, ¿cuánto tiempo fue?, ¿Fui tan estúpida?, ¿Lo hicieron en mis narices?.

Apoyaba mis manos en mi frente pues el dolor de cabeza de hacia presente con cada lágrima.

En mi cabeza solo se repetía la escena una y otra vez, de Draco junto Astoria casi devorándose en la sala común, las prendas sobraban entre ellos dos. El la tocaba como nunca me había tocado a mi, la miraba con ese deseo que jamás lo había hecho conmigo y la besaba como si fuera el caramelo más dulce del universo.

Volví a soltar un sollozo más fuerte que los demás, en mi brazo izquierdo la marca tenebrosa yacía en el, le había dado todo y como me pagó con esto.

Nuestros padres ex-mortifagos, desde muy pequeños nos empezaron a emparejar siendo así que a la edad de 5 años ya estábamos comprometidos, después de ello nos demostraron que debíamos empezar amarnos, yo di todo de mi parte, me enamore perdidamente de aquel chico de piel pálida, cabellos rubios y ojos como el hielo.

Pero al parecer fui la única estúpida que se enamoro, porque muy a mi pesar el estaba enamorado de alguien más con quién no podía estar.

Estiré mis cabellos, buscando una desesperada solución de que todo acabará.

No sé cuánto tiempo estuve en ese lugar en la misma posición, solo ví como los leves rayos de sol comenzaban aparecer y el gran día llegó "el baile de invierno".

Caminaba lentamente hasta las mazmorras, con los labios rotos y llenos de sangre, los ojos rojos con enormes ojeras debajo de ellos, el uniforme completamente sucio y desaliñado, el cabello enmarañado, los nudillos completamente rojos, sin querer mostrando la marca tenebrosa.

Ya no me importaba lo que pensarán de mi, me habían destruido, el hombre que amaba me había matado en vida.

Llegué a la sala común de Slytherin, mire al sofá dónde anoche estaban mi novio y su amante entregándose, pero ahora estaba completamente vacío y sin rastro de alguno de ellos, llegué a mi habitación, la tenía completamente sola para mí (algunas ventajas de la familia Black), me senté en la cama abrazando mis piernas, me quedé así unos momentos.

Para después quitarme la ropa - ¿Que tiene ella que no tenga yo? - me pregunte a mi misma, al quedar solo en ropa interior me observé en el espejo que estaba ahí, era bonita, venía de una de las familias más pudientes y millonarias del mundo mágico.

Nada me faltaba, no sufría carencias, hasta que mi vista volvió a posarse sobre aquella serpiente que me marcaba como una vaca al ganado.

Las lágrimas volvieron a salir, comencé a rasguñar aquella marca intentando borrarla de mi, intentaba arrancarme aquellos trozos de piel, sin importar las cicatrices que me generarán en algún futuro.

Pero todo fue en vano, porque aquella marca seguía completamente intacta, me odiaba, odiaba ser un mortífago, odiaba no poder ser como ella, odiaba que Draco no me amara como la amaba a ella, odiaba toda mi jodida vida aquí.

one shots Draco Malfoy y túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora