.Capítulo 6.

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Recuerdo no haber dormido nada esa noche, ¡Estaba nervioso!

—¿Qué coño es todo este puto ruido retrasado de los cojones? —grito Conway abriendo la puerta del baño sin miramiento.

Horacio observó por el espejo a Conway, bajo su mano hasta el teléfono y puso pausa a un vídeo de Youtube que había decidió poner de fondo mientras se arreglaba —. Terrible, te faltaba otro insulto para hacer un record  —hace una falsa mueca de decepción.

—Mira anormal de mierda he llegado hace una hora y me acabo de acostar, deja de hacer ruido o te pongo los huevos de corbata, llevo toda la semana haciendo turno de tarde y noche por los anormales ¿¡Dime cuándo duermo Horacio!? ¿¡Cuando trabajo o cuando te maquillas y cantas como un puto payaso de feria!? —grito con los ojos inyectados en sangre, Horacio abrió sus ojos observando al viejo gritarle como un loco por la falta de sueño —. ¿¡Cuándo duermo, vamos dime cuándo!?

Horacio sin apartar la mirada del super guardo el teléfono en su pequeño bolso con decoraciones de mariposa y lo colgó en su hombro —. Ahora mismo, yo... Me iré yendo, ¿Vale? —sonrio nervioso arrastrando su espalda por las paredes hasta salir casi corriendo del baño —. Nos vemos yayo —grito saliendo de la casa de un portazo, apoyo la espalda en la puerta y respiro agitadamente, juraría que lo iba a matar, el abuelo con suelo llegaba a acojonar. Un vehículo estaciona frente Horacio y baja las ventanillas tintadas de este dejando ver a cierto ruso con cara extrañado, Horacio corrió hasta el vehículo y subió en el asiento con la atenta mirada del ruso.

—¿Qué...?

—Arranca, arranca —exclamo poniendose el cinturón de manera rápida, el ruso extrañado comenzó su marcha a la cafetería que solía frecuentar.

—¿Está bien? —interrogo.

Horacio negó con la cabeza —. He visto pasar mi vida como una película. Te sorprendería las veces que la he cargado en un solo minuto —sonrio con inocencia jugueteando con sus miles de pulseras de su pequeña muñeca.

El ruso contagiado por la ternura que llegaba a emanar el de cresta sonrió —. ¿Qué ha sucedido ahí dentro?

—Digamos que Conway lleva sin dormir mucho, muchísimo, y...

—No puede ser —se mofo el ruso —. Me compadezco por usted, en comisaría es inaguantable, ¡No me quiero imaginar en su día cotidiano después de una jornada laboral tan dura! —Horacio asintió repetidas veces auto compareciendose de si mismo.

El camino fue cordial y ameno, la radio susurraba sus mejores canciones, Horacio las tarareaba de manera tranquila, Volkov escuchaba los pequeños sonidos que hacía Horacio con los pensamientos fugaces de que se podría acostumbrar a ello rápidamente y sin molestia.

Una vez aparcaron frente al establecimiento bajaron del vehículo y caminaron a la pequeña cafetería, una vez entraron algunos ciudadanos que iban a trabajar y otros que venían de una fiesta y habían decidido parar allí para llevarse algo al estómago observaron a los intrusos, algunos se sorprendieron, estaban acostumbrados a ver al ruso en completa soledad por las calles mientras que está vez se le veía acompañado del chico que hacía unos años afirmaba los cuatro vientos que le amaba y le había roto el corazón. Irónico verles juntos ahora entrar a aquella cafetería vestidos de civiles, bueno por lo menos el de la cresta —. ¿Qué le gustaría tomar, Horacio? —pregunto sentándose frente Horacio, este dejo el bolso a un lado de la mesa y sonrió de manera infantil.

—Un batdio de chocolate.

El ruso sonrió un poco, minutos después la camarera llegó, tomo los pedidos de ambos y se marchó, una vez entrego el batido a Horacio y el café negro a Volkov ambos pudieron comenzar una conversación que no sería interrumpida cada segundo por la camarera —. ¿Café negro? —arrugo su rostro en señal de asco —. ¡Eso está súper amargo! —exclamo agarrando la página con su dedo índice y pulgar guiándolos hasta sus labios, con sus dientes mordió dicha pajita.

—¿Y usted qué? —reprochó señalándole con la cuchara —. Me sorprende que tenga tan buen cuerpo para lo que toma —Horacio al escuchar eso se atragantó con el batido haciendo que tosiera y le saliera por la nariz dicho líquido —. ¡Q... Quiero d...decirle que...!

—Hago crossing —hablo avergonzado posando una servilleta en su nariz retirando rastro de batido —. Ya sabes mucho deporte para mantenerme en forma...

El silencio reino en ambos, Volkov había admitido que el cuerpo de Horacio había captado su atención lo suficiente como para que lo describiese sin darse cuenta y más tarde percatarse del “error”. Ambos evitaban mirarse, Volkov estaba avergonzado no era propio en el aquellas palabras y Horacio estaba emocionado y nervioso.

—Hable con Conway ayer cuando te fuiste a casa —intento romper el hielo —. Le conté sobre su ayuda con los alumnos y lo bien que lo hizo —alago agarrando la taza con ambas manos calentándose de aquel objeto hirviendo —. Me dijo que podrías estrenar a una nueva chica que viene, siempre y cuando lo haga bien, claro. 

Horacio se levantó del asiento golpeando la mesa, dejando su palma extendida en dicha madera —. Sabía que el yayo creería un poco en mi —su emoción hacia que su voz fuera fuerte, algunos de la cafetería se giraron a observar, Volkov ante esto estiró la mano y le agarro la muñeca que tenía apoyada en la mesa y pego un pequeño tiron sentandole.

—Le recuerdo que ha sido gracias a... —enmudecio al ver la sonrisa y emoción con la que le miraba —. ¿Qué ocurre?

Horacio quito la mano de Volkov se su muñeca y tomo su mano —. Le debo una comisario gracias por confiar en mí, aunque sea muy poco, si usted lo hace yo soy más que feliz.

Sonrió soltando poco a poco su mano y la volvió a llevar a la taza de café —. No es nada hombre. для вас что угодно (por usted lo que sea).

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Ayuda, son tan soft. Creo que es lo más tierno que he escrito nunca. Nel, no os acostumbreis.

Un beso.

—N.G.A

Ámame. VOLKACIO.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora