Todo empezó cuando vi por primera vez su sonrisa, era preciosa, pensaba que él ni siquiera sabía que era eso, pero para mi sorpresa me sonrió de manera amable.
Ahí empecé a sentir cosas que ni yo podía controlar, ¿Por qué? Por qué cuando un trozo de...
La sonrisa de Horacio se ensancho disimuladamente al sentir las miradas, algunas con sorpresa desmesurada, que le dirigían a él. Hacia unos pocos minutos había bajado del vehículo de Viktor, por que sí, aquel ruso le había ofrecido ir juntos al trabajo, y ahora se encontraban junto la maquina de la comisaria tomando un café, haciéndose compañía ambos. Parecía qué aquella relación tan tensa y sería se había vuelto mas liviana y se notaba la comodidad y tranquilidad de ambos.
Horacio y Viktor habían estado toda la noche hablando y bebiendo, solo disfrutaban la compañía del otro bajo la vigilancia de la luna. Aun qué la charla fue tan cómoda que terminaron quedándose totalmente dormidos en el sofá de la terraza, quien diría que aquel ruso permitiría todo eso.
—¿Enserio no te gusta el azúcar? ¿Estas loco? ¿Quieres que te golpee? —le preguntó como si aquello que había dicho su superior fuera una demencia.
El ruso enarco una ceja —, el café se debe disfrutar sin azúcar.
—Mentira.
El ruso le tendió el baso de cartón donde el café, casi por la mitad, reposaba —. Prueba el verdadero café y no esa basura llena de azúcar.
Horacio miro unos segundos el baso de Viktor, lo tomo entre sus manos seguido de darle un leve trago.
—¿Qué mierda me he perdido? —exclamó Greco llegando donde el ruso y el de la cresta.
—¿Disculpe? —pregunto confundido, Horacio hizo una leve arcada seguido de toser mientras le devolvía el baso.
—Es una basura —afirmo mientras tosía.
—¿Cómo que disculpe? —pregunto ofendido observando como Volkov le miraba esperando saber su reclamo mientras le daba golpecitos en la espalda del chico que tenia junto él —, habeís llegado juntos, y ese que se muere llevaba ropa tuya.
—¿Hay algún percance con eso Ródriguez? —pregunto serio el comisario.
—¡Si! Que me siento traicionado —dijo obvio, se giro a Horacio, el cual se encontraba algo mejor —, pensé que eramos amigos. Creí que nos lo contábamos todo cuñadito, pero veo que ya no me quieres.
Horacio llevo una mano dramáticamente a su frente —. ¡Discúlpame! —exclamó usando el mismo tono dramático que Greco usaba —. ¡Te he traicionado, perdóname!
—No sé si podre verte de nuevo como antes —el barbudo le dio la espalda abrazándose a si mismo.
—¡Greco... yo...!
—¿Pero que coño estáis haciendo? —grito una voz seria, Greco y Horacio se giraron observando como Volkov les miraba extrañado tomando su café y el intendente les miraba con una furia irascible.
Horacio se carcajeo al darse cuenta de la escena que se había formado —, es una muy buena pregunta —dijo el ruso con el tono glacial que le caracterizaba.
—Solo manteníamos una conversacion amistosa entre compañeros.
—Estabais montano un puto culebrón, mariconetis —Horacio y Greco rebutieron su carcajada, no querían un porrazo de parte de su superior —. Dejad las gilipolleces de una puta vez, Garcia esta en la sala de interrogatorios y la madraza del año esperando fuera. A trabajar, super nenas.
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20 comentarios.
Horacio y Greco siempre los pongo de amigos forever y ni idea por que, es instinto de perra. JJEJSJSJJJ
Por cierto, rompi el ordenador de mi hermana... No lloren por mmi, ya estoy muerta. JSJSJJ.