.Capítulo 17.

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El día había sido agotador, multas, denuncias, códigos 3, persecuciones... Realmente estaba cansado, y como si fuera poco ese día Conway y volkov hacían turno de noche, lo que significaba que no podían llevarle a su hogar, tampoco le importaba mucho, su casa no estaba lejos y podría cambiar por la ciudad.

El frío cada vez calaba más sus huesos, las farolas intentaban iluminar la oscura noche más a dirás penas lo conseguían, algunos coches, de vez en cuando, pasaban a toda velocidad por la calzada, sus pasos eran el ritmo más constante de la ocurra calle de los santos.

Estaba a pocas calles de su hogar, quería llegar y tirarse al sofá para ver su sería favorita mientras de pintaba sus uñas de un nuevo color.

Tarareaba canciones de manera pacifica, a lo lejos podía ver su portal, con una sonrisa canto más alegre hasta que escucho un grito. Un grito femenino.

—¡No! ¡Déjeme! ¡No! —grito desesperada, Horacio dejo de caminar y miró hacia atrás, a unos metros un callejón se sumía en la completa oscuridad, este no lo pensó y corrió hacia dentro del lugar, saco el arma y se adentro a dicho lugar sin dejar de apuntar.

—¿¡Qué coño pas...!? —su grito fue silenciado por una parada hacia su mano aciendo que el arma cayera al suelo, en el silencio el metal del arma resonó al impactar contra el asfalto, una pequeña risa se escuchó, era una mujer la que reía, este la miró encontrando a una chica algo más baja, pelo rubio, ojos azules, sonrisa cínica, chaqueta roja... Chaqueta roja... —. ¿Qué coño? —dijo sorprendido ante el parecido de su hermano.

—“¿Qué coño?" —imitó con burla agudizando su voz, volvió a reír sin gracia —. ¿Qué pasa crestitas? ¿No eras el puto héroe de la ciudad? Por qué lo único que veo es un puto sin conocimiento.

—¿¡Quién coño eres!?  —grito poniéndose en posición de defensa.

—Muchos me llaman la diosa, tu me llamaras la parca.

La parca. Horacio ante ese nombre abrió sus ojos.

—Otra nueva amenaza, La parca. La hija de puta está causando muchos estragos en esta puta ciudad.

—Joder me siento alagado, la mismísima parca a venido a darme un abrazo —Horacio fue el primero en lanzar un golpe dándole de lleno a la mujer en su rostroz está llevo la mano a su labio, este sangraba y dolía pero aún así reía.

Esa actitud maniaca ya era de alguien, con G de Gustabo, eran muy parecidos.

—Que agradable caricia —dijo para sacar de un movimiento ágil la navaja y clavarla en su vientre repetidas veces, Horacio jadeo mientras la mujer retiraba con lentitud la navaja haciendo que el dolor fuera mayor —. Nos vemos en él infierno queridísimos hijo de puta —sonrio dándose la vuelta y marchándose del callejón, Horacio intento dar dos pasos más cayó al suelo, entre jadeos se arrastró a una pared y apoyo su espalda en dicha zona del callejón, saco su móvil con manos temblorosas y mando la ubicación al último contacto que había escrito.

Sus ojos pesaban, sus jadeos se escuchaban, sus manos temblorosas, el móvil sonando como loco, sus ojos apagándose era la imagen mas deprimente de los santos. Un héroe cerraba sus ojos y la probabilidad de no ser abiertos cada momento era mayor.

El rugido de los patruyas se acercaba, las risas derramaban por las calles sin cuidado, los pasos se acercaban al chico, se escuchaban bastantes de estos, los jadeos eran más lentos, parecía que sus fuerzas estaban terminando —. ¿¡Qué coño a pasado!? —grito el intendente agachándose al chico.

Horacio con una sonrisa triste dijo —: Solo...solo quería pintarme las uñas... viendo un programa... de mierda, más me encuentro... aquí hecho...mierda.

—Perímetro asegurado, ¿Qué ocurrió intenden...? —el ruso enmudeció al ver la escena, el chico de la cresta le sonrió como pudo dejando caer un hilo de sangre por sus labios casi morados —. ¿¡Horacio!? —grito el ruso perdiendo la fachada de chico serio —. ¿¡Qué mierda le ha ocurrido!? ¿¡Quién le ha hecho esto!?

—Os... quiero —susurro cerrando sus ojos, no podía hablar más y sus últimas palabras se negaba que fueran “La parca, ella me mato” simplemente quería recordarle al ruso su amor por él y a Conway cuanto le quería. Horacio no quería terminar así pero ¿Qué más podía hacer el? Solo quería una noche tranquila —. ¡Que no se duerma Conway! —grito el ruso.

Conway daba palmadas en el rostro pálido del chico mientras soltaba insultos hacia los EMS, sin duda eran demasiado lentos en su trabajo.

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Ay weón lo disfruté. Me encanta, extrañaba escribir cosas sad. Iré por un té para escribir el siguiente. XD.

¿Qué ha pasado? ¿Quién es ella?

Un beso.

—N.G.A

Ámame. VOLKACIO.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora