Capítulo 3: Mi barco

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"¿Me puede contar que hace una señorita, como usted, en mi barco?"

Estaba congelada en mi sitio, no me esperaba aquello, había sido cuidadosa y en ningún momento nadie había sospechado algo, hasta ahora, hasta él.

¿Mi? ¿Mi barco? Esto no podía estar pasándome a mí.

Me levanté rápidamente y di un paso hacia atrás volcando el cubo de agua sin querer, dirigí la mirada un momento allí y cuando volví a mirarlo a él estaba delante de mí con su mano rodeando mi muñeca. Me estremecí e intenté soltarme, pero él me retenía además de que tenía más fuerza que yo.

Tenía miedo. Mucho miedo. No estaba hablando con un tripulante estaba hablando con el Capitán de la Joya Negra.

- ¿Qué pasa no sabes hablar?

Lo miré ofendida he intente zafarme por segunda vez de su agarre, y él me soltó justo cuando tiraba y caí al suelo, golpeándome el culo con el suelo. Hice una mueca y me pasé la mano por la zona que me dolía. Él se agacho delante mía.

- ¿Me parece que te has colado querida o me equivoco? - dijo, arqueando una ceja.

Me relamí los labios e intenté encontrar mi propia voz que se había quedado atorada en mi garganta.

- Puede ser...- susurré, cerrando los ojos para no verle.

La había cagado. Pues sí. ¿Iba a salir viva? Sinceramente eso tampoco lo sabía. ¿Qué haría todo lo que pudiese para sobrevivir? Pues también.

Así que al escucharme en mis propios pensamientos decir eso, abrí los ojos, levanté la mirada y lo miré fijamente.

- Si, me he colado en su propio barco sin que se diese cuenta. Y he estado una semana y cinco días sin que usted ni ninguno de sus estúpidos tripulantes se diera cuenta de que había una mujer entre ellos- dije, sin que la voz me flaquera en ningún momento.

- ¿Es consciente, señorita, de que puedo hacer que paseé por la plancha?

Frunció los labios y cuando iba a contestar, él me interrumpió.

- Felicidades, ha conseguido subir en la Joya Negra de su Capitán Kilian Donsheba- dijo este haciendo una reverencia estúpida.

Me dio una palmadita en la espalda y se fue por donde vino.

Raro.

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No me había vuelto a encontrar con el Capitán desde aquella noche. Todo seguía igual. Solo quedaban cuatro días para atracar en el puerto de Terra Vella y estaba emocionada. Sentía que una presión y una fuerza crecían en mi pecho, al saber que estaba cerca de mi destino, que ya mismo estaría cara a cara con los hombres que mataron a mi madre y que yo los haría sufrir, aunque fuese la última cosa que hiciera en esta vida.

Cuando quemaron a mi madre, nuestra vecina, amiga de mi madre, me conto que en una conversación que habían tenido en la taberna al llegar, había escuchado como los hombres hablaban sobre volver a casa, a Terra Vella.

Desde Terra Vella empezaría mi investigación empezando por entender el escudo que llevaban en sus uniformes, uno que nunca olvidaría, que siempre estaría guardado en el fondo de mi cabeza y que repetiría aun cuando no quisiera y se volviera en mi peor pesadilla.

Un león con las garras hacia afuera junto a dos espadas cruzadas.

Ardiente VenganzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora