Capítulo 18: El escudo

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A la mañana siguiente antes de que los demás de la casa despertaran, salí. Iba con un vestido que me había dejado Aria al ver que solo llevaba aquel vestido sucio, el vestido lo había dejado debajo de la almohada, no quería que lo limpiaran ellos ya que vendrían las preguntas al ver el tan caro vestido.

Por las calles pequeños puestos iban abriendo sus puertas para empezar la jornada de trabajo. Mujeres, hombres y niños con cestos llenos de ropa, comida y diversos materiales, caballos empezando a circular por la ciudad con sus dueños encima, etc.

Pasé por los mismos callejones, calles y plazas que memoricé yendo con John. El viento era fresco y hacía que se me erizaran los vellos de los brazos que tenía descubiertos, intenté acelerar mi paso para llegar antes al puerto.

Al llegar lo miré todo desde la entrada, empecé a acercarme a gente para preguntarles sobre aquel escudo, la mayoría no sabía y la otra parte ni me escuchaba. Una mujer andaba cargada con tres cestas, una en la cabeza y las otras dos en las manos, se veían pesadas así que me acerqué a ella.

- ¿Hola, necesita ayuda? - le pregunté.

- Oh querida, me harías un gran favor- me dijo regalándome una sonrisa.

Dejó en el suelo las dos cestas y se bajó la de la cabeza para tendérmela, después de discutir un poco con ella para que me diese otra de las cestas, al final se rindió y me tendió otra cesta. Empezamos a andar juntas por un callejón para salir del puerto.

- ¿Una pregunta usted sabe sobre escudos? - le pregunto.

- Claro, mi hijo está en el ejercito- dijo, con una pizca de orgullo hacia su hijo.

- Es un escudo de un león con las garras afuera junto a dos espadas cruzadas- le explico, recordándolo.

- Oh. Ese es el escudo de los soldados especiales del rey.

Oh.

Del rey ¿eh?

No sé porque, pero no me sorprendía.

- Le he preguntado a bastante gente y no me han sabido responder- le explico.

- Poca gente sabe sobre ellos- dice.

Después de eso, empieza a hablarme de sus hijos intentando dejar el tema atrás. Después de llegar a su casa y dejarle las cestas y que me lo agradezca con un pastelito, me marchó de allí. Me relamo los labios después de haber acabado el pastelito.

Que rico.

No sé cuál será mi siguiente paso, pero ya lo pensare.

Mientras voy andando y esquivando a la gente, veo que, en la taberna, por la que pase a por los bocadillos, hay un trozo de papel donde buscan empleados.

Me paro.

Se que no estaré mucho tiempo aquí, pero necesito dinero para todo lo que tengo en mente además de ayudar a pagar la casa en la que me han abierto las puertas.

Entro en la taberna y ando hacia la barra. El hombre que me atendió la última vez está allí, me apoyo con los brazos cruzados en la barra y me inclino llamando su atención.

- ¿Si, dime?

Dice rápidamente, por la rapidez con la que tiene que trabajar para poder atender a todos.

- ¿Buscáis una empleada?

Cuando le digo aquello los ojos le brillan de felicidad, debe tener mucho trabajo si solo trabajan allí él y el cocinero, asiente rápidamente.

- ¿Lo quieres? - dice.

Asiento y me tira un delantal, lo cojo confusa.

- Estas de prueba, cuando acabe la jornada te diré si tienes oportunidad de trabajar aquí.

Dice antes de seguir con su trabajo animadamente y con rapidez. Me ato el delantal y voy tras él.

Ardiente VenganzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora