Entramos en la habitación y detrás nuestra Soni que cierra la puerta, antes de que con una mano nos haga saber que nos sentemos en una mesa que hay en el medio de la habitación. No hay nada en la habitación simplemente la mesa de madera con un tablero de ajedrez y sus respectivas piezas para jugar encima.
Nos sentamos. Soni bebe un trago de una botella de alcohol que hay al lado de su silla antes de entrelazar sus manos y dejarlas encima de la mesa mientras se inclina.
- ¿Qué quereis? - dice secamente.
Killian me mira, y se tira hacia atrás cruzándose de brazos lo que hace que se marquen sus músculos por la tensión de la camisa. Aparto la mirada y miro a Soni antes de tragar saliva.
- ¿Que eres para el rey? - digo sin rodeos.
Sus fosas nasales se amplían, mira al Capitán el cual asiente y él saca todo el aire de sus pulmones.
- El rey nos llama Baillis, somos sus soldados de confianza.
Lo miró fijamente para que siga.
- Nadie sabe de nuestra existencia. Somos los que hacemos el trabajo sucio que es confidencial y del cual el Rey no quiere estar involucrado.
Vamos bien.
- ¿Cuántos sois? - pregunto.
- Pocos, pocos llegamos a tener la plena confianza de nuestro soberano- dice, sin mirarme a la cara.
- ¿Os mandaron hace poco a alguna misión en especial? - digo, con la intención de saber sus últimos movimientos.
- No puedo decir más- dijo, seco.
El Capitán se movió hacia delante mirando a Soni.
- Tu y yo teníamos un trato Soni- dice rudamente.
- No puedo seguir respondiendo preguntas tan confidenciales, le juré al reino y al rey lealtad- dice levantándose de la silla.
Seguidamente se levanta el Capitán y saca una pistola de su cinturón y le apunta con ella. Lo miro alarmada.
¿Qué está haciendo?
El miedo empieza a atacarme y me levanto torpemente alejándome de él. Él, sin dejar de mirar a Soni, saca el seguro de la pistola.
- Contesta a la señorita.
Trago sonoramente y empiezo a temblar de pies a cabeza. Quiero decirle que lo deje marcharse que ya tengo la información que quería hasta que Soni torpemente se vuelve a sentar en la silla y empieza a relatar.
- Hace un tiempo nos mandaron a una expedición por los alrededores de Mont Avall en busca de la amenaza la cual tenía al rey descontento y nervioso. Quería que matáramos a todas las mujeres acusadas de brujería, pero no solo eso nos hizo jurar que las quemaríamos para que sus almas no escaparan a otro cuerpo al que pudrir.
Después de escucharlo contar aquello, salí apresuradamente de la habitación. Necesitaba aire allí dentro me ahogaba, aquellas palabras me asfixiaban. Corrí por el mismo pasillo por el que habíamos pasado, solo escuchaba mi corazón bombear frenéticamente sangre, choqué con unos cuantos hombres que no vi. Llegué a la puerta y la abrí corrí fuera y en la pequeña calle en la cual no pasaba nada, me desmoroné.
Caí al suelo, cansada, escuchando solo los latidos de mi corazón y mi propia respiración alterada. Sentí el dolor recorrer todo mi cuerpo. Mi madre había muerto por una razón estúpida, pero había muerto. Y ahora más que nunca recordé su muerte.
Mientras las lágrimas calientes recorrían mis mejillas, sentí los brazos de alguien levantarme del sucio suelo. Me giré rápidamente y me hundí en el pecho de Kilian. Él después de su desconcierto me apretó fuertemente contra él.
En ese momento en el que solo sentía dolor, él era el único que podía hacerme sentir mejor con su cercanía.
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Ardiente Venganza
Ficción GeneralVi morir a mi madre, la vi arder en la hoguera. En silencio, sufriendo, pero en silencio. "Bruja", le habían gritado mientras ella estaba agonizando de dolor. Y a mí no me quedaba nada, solo una furia que ardía por salir, y lo haría. Vengaría lo que...
