Capítulo 1: Puerto de Mont Avall

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Subí la capucha de la capa cuando vi la entrada al gran puerto de Mont Avall.

Era enorme.

El sonido del puerto junto a su brisa marina me transmitía el más mal de los sufrimientos, la nostalgia, el recuerdo de pasear por esas mismas calles con mi madre acarreando una carretilla de madera y en ella todo lo que necesitaríamos ese mes que no pudiéramos conseguir en el pueblo, inundo mis pensamientos igual que una tristeza profunda pero arrasadora en mí.

Las mujeres paseaban con sus vestidos y sus cestas repletas de alimentos que compraban en el mercado mientras charlaban animadamente con sus compañeras, los hombres cargaban con redes y cubos llenos de pescado, los guerreros se paseaban por allí como si el mundo fuese suyo y los niños corrían jugando entre las faldas de la gente. Desde donde me encontraba podía ver como los barcos iban echando el ancla para atracar o empezar a preparar las velas para zarpar.

Me acerqué rápidamente, esquivando a las personas que se ponían en mi camino, hasta llegar a un hombre que estaba agachado en su barco pesquero sacando la red. Se limpio con la mano la capa de sudor que le caía de la frente y se giró hacia mí.

- ¿Perdoné, usted sabe que barco lleva a Terra Vella? - dije haciendo un movimiento con la cabeza hacia los barcos.

- Esta de suerte, hoy zarpa la Joya Negra hacia Terra Vella- dijo señalándolo.

El barco que señalaba, era el más grande de todos. Este relucía y brillaba tanto que llegaba a cegar. Era negro con cañones a sus lados, con más de cincuenta hombres transportando cajas en su popa. Era espectacular. Cualquiera diría que era un barco del rey, pero lo que te hacia cambiar de parecer era su gran bandera pirata. Me estremecí al verlo. Piratas.

- ¿No hay ningún otro barco disponible? - dije, intentando que no me temblara la voz.

- No, señorita.

Piratas. Los piratas eran los hombres más temidos en el mar. Sentí miedo, desde pequeña mi padre me había contado como había luchado con piratas en honor al rey, él decía que si salía vivo era porque ellos así lo deseaban. Decía que esos hombres no tenían ni corazón ni alma, que saqueaban y mataban sin arrepentimiento alguno. Ellos solo amaban y vivían por la mar, por su oleaje, por su agua, por sus criaturas y porque ellos eran el símbolo de la libertad.

En otro momento, me habría arrepentido y habría vuelto a casa. Pero la cosa es que yo ya no tenía casa. Solo tenía dolor y ganas de vengarme. Por ello o iba en el barco o me quedaba allí decepcionando el honor de mi madre.

En ese momento lo vi claro.

Zarparía en la Joya Negra.

Llegaría a Terra Vella.

Y mataría a los hombres que le hicieron daño a mi madre.

Ardiente VenganzaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora