Capítulo 9: Una trampa

5.7K 561 67
                                        

El carruaje ya había parado y desde fuera el Capitán me tendía la mano para ayudar-me a bajar de él.

Que empiece el show.

Al bajar nos dirigimos a la gran puerta por donde entraban todos los invitados, a los lados de esta, había soldados erguidos mirando al frente con una postura recta, me colgué del brazo del Capitán y respiré profundamente.

La gente iba riendo, charlando y mirando hacia los lados con curiosidad y admiración. Seguimos todo el trayecto de personas hasta el gran salón, un gran salón iluminado por lámparas de arañas de oro que hacían ver al salón mágico e inalcanzable junto a sus paredes blancas como la nieve con esquinas rodeadas por hilos de oro. Había un gran espacio en medio de la sala donde la gente bailaba junto a sus acompañantes, a los lados las mesas estaban atiborradas de bebida y comida y delante de todo aquello, había dos escaleras que salían de cada lado y se juntaban arriba del todo. Al alzar la vista vi como un hombre mayor con una corona llamativa en su cabeza, que atraía toda la atención, salía y apoyaba sus manos en la barandilla de la escalera y entonces todos callaron.

El rey.

- Bienvenidos a todos- dijo extendiendo los brazos, como si estuviese dando un gran abrazo- hoy nos hemos reunido aquí por qué no se si están enterados, de la amenaza que corren nuestras tierras- la gente empezó a murmurar- brujas, esa es la amenaza, brujas, que se esconden entre nosotros para luego hechizarnos- sonrió, me estremecí con su sonrisa, daba miedo- por favor, soldados.

Y entonces los soldados cerraron las puertas del gran salón, dejándonos encerrados en él.

- Mierda- susurro el Capitán a mi lado.

Me rodeo la cintura con su brazo y me apego a él.

- Esas brujas viven entre nosotros, usándonos sin dejar rastro, son una gran amenaza y por ello las mataremos y las haremos agonizar en la hoguera hasta que sus almas partan al infierno del cual salieron.

Miré con horror al hombre a mi lado, que escaneaba el perímetro buscando algo.

- Y ahora perdonen caballeros, pero los separaremos de sus esposas por la ley y por vuestro rey.

Entonces las mujeres de mi alrededor empezaron a asustar-se palideciendo como fantasmas, se cogían con fuerza a sus acompañantes, algunas respiraban demasiado alto, pero la sala estaba en silencio, en si todas tenían miedo y yo también.

Nos habían engañado y ahí estábamos.

En bandeja de plata.

Dejé de mirar cuando sentí un apretón en mi cadera, lo miré y se acercó a mi oído.

- No hay por donde salir- susurro, su voz me erizó la piel.

El rey nos siguió observando desde las alturas.

- No se preocupen señoritas si superan la prueba, sabremos que en su sangre no corre brujería y les dejaremos volver con su familia- dijo el rey tranquilamente.

Entonces empezaron los soldados a acercar-se y llevarse a mujeres con ellos. Me aferré al cuerpo del Capitán.

- Me dijiste que todo saldría bien- dije, recordando sus palabras.

- No sabía sobre esto- me susurro, abrazándome.

Su mano bajo a mi vestido y lo subió hasta mi perna para tantear el cuchillo y asegurarse que estaba ahí. Entonces un soldado se acercó a mí y me cogió del brazo fuertemente alejándome de él. Mientras intentaba zafarme de su agarré el soldado se dirigía a una de las puertas, la única abierta, miré al Capitán y dijo algo con sus labios.

Entendí lo que me decía.

"Te sacare de aquí"

Eso esperaba.

Ardiente VenganzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora