Capítulo 12: A arder

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Me desperté de golpe al escuchar un ruido ensordecedor, era el carcelero que golpeaba las barras de la celda con un palo de hierro, la mujer a mi lado gruño con molestia a el hombre delante nuestra, el cual rio al ver su reacción y se marchó.

Unos minutos después aparecieron cuatro guardias buscándonos, dos entraron en la celda y poniendo resistencia de nuestra parte nos golpearon hasta conseguir atarnos con unas sogas con las que nos tiraban hacia delante con fuerza haciéndonos caer de boca contra el suelo. Miré a la mujer a mi lado su expresión solo reflejaba indiferencia y dureza, iba con la cabeza bien alta mientras nos tiraban al suelo raspando nuestras rodillas y manos, pero ella no bajaba la cabeza en ningún momento. Llegamos hasta una puerta y cuando la abrieron los rayos de sol dieron directos a mi cara, entrecerré los ojos y vi el transporte con el que nos llevarían al centro de Terra Vella. Era una celda de hierro encima de una plataforma con ruedas que llevaban los dos caballos en la delantera.

- Subir- dijo uno de los guardias.

Le hicimos caso y subimos.

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Después de un rato, nuestro transporte se paró en medio de la plaza. Delante nuestra había una tarima con dos hogueras preparadas para hacerlas arder, la gente nos abucheaba, nos gritaba múltiples insultos, pero en ese momento mi cabeza no estaba ahí, solo podía ver la figura corriendo de un hombre en lo alto de uno de los edificios de la plaza.

Llegamos a la tarima y nos empujaron, me giré para salir corriendo, pero hay estaban los dos guardias cruzados de brazos bloqueando el camino. Inhalé hondo y subí las escaleras de la tarima siguiendo a la mujer delante de mí, a la cual también iban a hacer arder.

Por el otro lado apareció el rey que le hizo una seña con la cabeza a dos guardias que iban con él. Los dos hombres nos cogieron uno a cada una y nos ataron a la fogata. Se acercaron al rey y esperaron indicaciones, pero el rey negó con la cabeza y se giró hacia nosotras para sonreírnos.

Gruñí, como un animal enjaulado, así me sentía.

Iba a morir allí por manos de ese infeliz.

Sonrió, enseñando sus dientes al público que buscaba un espectáculo.

- Bienvenidos a todos, mujeres, hombres, niños, niñas... Hoy estamos aquí una vez más para matar la amenaza de las brujas, aquí dos bellas mujeres nos han engañado, al pueblo, a nuestro pueblo, a nosotros. - iba elevando la voz poco a poco- Pero no os preocupéis las haremos arder por pensar que no las encontraríamos. El pueblo se vengará- la gente empezó a gritar y a pedir sangre. - Estas brujas han estado entre nosotros con nuestros hijos e hijas acechando y esperando en la vuelta de la esquina para atacar. Pero ahora atacaremos nosotros. - la gente volvió a gritar enloquecidos- Ya podéis- sentenció.

Un hombre con una antorcha se acercó a mí y antes de que tocara el fuego la madera, el hombre que agarraba cayó. Lo miré, una mancha roja se extendía en su pecho donde había una flecha clavada y cuando me di cuenta vi como entraban hombres armados y se volvía aquello una guerra. La gente empezó a correr intentando salvarse mientras los guardias y los otros hombres luchaban entre sí.

Antes de volver a respirar sentí como el metal de un cuchillo se posicionaba en mi garganta.

- ¡Bruja!

Rujió alguien antes de sentir como esa misma persona escupía sangre en mi hombro. Me intente girar, pero por cómo estaba atada se me dificultaba y no me dejaba.

- Te dije que te sacaría de aquí.

Cuando lo escuché pude volver a respirar con tranquilidad, no iba a morir. Porqué ahí estaba, el Capitán Donsheba.

Ardiente VenganzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora