Mundos opuestos IV

480 98 52
                                        

Tu fachada se derrumbó;

las nubes blancas no eran de algodón.

El cielo se cayó,

y junto a él tu protección.


Un agujero negro reveló tu interior;

aquel vórtice casi me succionó.

Traté de hacer algo, pero nada funcionó.


Tu inseguridad presagiaba nuestro desenlace.

Nunca lo dije, pues era de esperarse.

Tampoco te presioné.

¿Quién soy yo para juzgarte?


El amor es inmarcesible.

O eso creía...

No pensé que desaparecería de la noche al día.

Pero me alegra haberte dado un poco de alegría.

Algo de paz y armonía.


Sé que odias las despedidas,

pero sólo tú puedes encontrar una salida.

FragmentosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora