Obi recorría los jardines del castillo tratando de concentrarse, pero todo parecía ajeno a él. Tenía los sentidos adormecidos, cada rama que tocaba, cada aterrizaje, parecía amortiguado, pero no era momento para dejarse llevar por emociones. Ya tendría tiempo de maldecirse por su pasado en otro momento, cuando ellos estuvieran a salvo y él hubiera desaparecido de sus vidas. Aquel simple pensamiento hizo que su corazón doliera, pero una vez más decidió ignorarlo y avanzar.
No estaba de acuerdo con lo que le había dicho Mitsuhide, sabía que Shirayuki jamás estaría al lado de alguien tan despreciable como él, y tampoco lo quería. Había fingido olvidar su pasado para poder permanecer a su lado durante demasiado tiempo, pero ya no. Todo tenía un lugar, y el suyo no estaba junto al de ninguno de ellos.
De repente, frenó en seco y retrocedió a la rama anterior, descubriendo una flor enganchada a la corteza del árbol.
Mitsuhide dio la voz de alarma y corrió a investigar los jardines. Su intuición le decía que el asesino estaba fuera. No sabía cómo ni por qué, pero lo sabía. Buscó rastros, cualquier cosa fuera de lugar. Recurrió a todos los escondites que Obi le había enseñado a lo largo de los años, pero no encontró nada. Entonces, una idea fugaz pasó por su mente. El anfiteatro. Si lo que dijo Obi era cierto, aquel hombre llevaba mucho tiempo planeando su venganza, y por tanto, estaba seguro de que llevaba días observando todos sus movimientos, y aquel lugar parecía ideal para poder llevar a cabo su plan sin que nadie pudiera entrometerse. La voz de la razón le decía que debía retroceder y enviar allí soldados, pero su instinto le decía que si volvía hasta el palacio, lo perdería. Con un sonoro chasquido de lengua, tomó la decisión por puro impulso, maldiciéndose por ser tan negligente mientras echaba a correr hacia donde sabía que tendría un encontronazo con la persona que casi había acabado con Obi dos veces.
Los pulmones le ardían y el sudor resbalaba por su cuello cuando llegó a lo que antes fue el escenario del anfiteatro. Las malas hierbas habían roto y levantado los adoquines, las gradas apenas se reconocían y las sombras bañaban todo el lugar. Un viento gélido le atravesó mientras trataba de calmar sus pulsaciones escrutando la oscuridad en posición de ataque con la espada desenvainada. Había estado allí docenas de veces cuando Zen se escapaba de su despacho en busca de aire fresco, pero esta vez la sensación era distinta. Sus músculos no podían evitar tensarse, y reaccionaba a cada sonido, a cada movimiento. Él estaba allí, lo sabía, pero no lograba encontrarlo.
De repente, una figura se movió en un lugar en el que habría jurado que no había nadie. Mitsuhide reaccionó cambiando su posición a una defensiva, con el corazón latiendo en sus oídos.
-¿Quién eres?- Bramó al viento mientras notaba cómo su pelo se pegaba a su frente.
-No es a ti a quien esperaba, pero reconozco que esto me ha venido como anillo al dedo.- El asesino salió de su escondite, esgrimiendo una sonrisa de oreja a oreja.- Me has facilitado mucho el trabajo. Sinceramente, pensé que eras más listo, pero me alegro de haberme equivocado.
Mitsuhide notó un escalofrío. Acababa de cometer uno de los mayores errores de su vida.
-Me subestimas.- Siseó fingiendo una seguridad que no sentía mientras se movía ligeramente hacia la derecha, buscando una mejor posición para atacar.
Una risa gutural hizo eco entre las piedras del anfiteatro, desvaneciéndose con el viento.
-¡Eres optimista! ¡Me gusta! Sois a los que más disfruto hundiendo en la desesperación.- Mitsuhide agarró con más fuerza el mango de su espada, haciendo crujir la empuñadura.- Te voy a decir lo que va a pasar. Primero te desarmaré, luego, te dejaré al borde de la muerte. Te diría que te infringiré tanto dolor que me suplicarás que te mate, pero conozco a la gente como tú, y sé que a vosotros no se os quiebra así. A vosotros hay que quebraros de otra forma, hay que hundiros, sumiros en la desesperación. Y sólo entonces os volvéis divertidos.- Sonrió enseñando los dientes.- Así que escucha con atención, caballero. Una vez te deje al borde de la muerte, esperaremos pacientemente a que aparezca, porque lo hará, y entonces, sólo entonces, mataré a Obi. Y lo mejor es que todo habrá sido culpa tuya.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
FanfictionTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
